LA REGENTA E FORTUNATA Y JACINTA: modelli matrimoniali a confronto

LA REGENTA E FORTUNATA Y JACINTA: MODELLI MATRIMONIALI A CONFRONTO

Pochissimi dei matrimoni già stretti potrebbero durare se tutti i passi fuori strada delle mogli non restassero celati per la cecità o la stupidità dei mariti. Erasmo da Rotterdam, Elogio della follia, 1509
1. LA REGENTA: ANA OZORES E DON VICTOR QUINTANAR1

Il personaggio centrale dell’opera è rappresentato da Ana Ozores, un’aristocratica declassata e orfana, moglie del magistrato di Vetusta, Don Víctor Quintanar. Il narratore ci da delle informazioni riguardanti tale coppia a partire dal capitolo VIII, ancora prima che Ana entri effettivamente “in scena”, attraverso il personaggio di Don Saturnino:
La Regenta, muy principal señora era esposa de Don Víctor Quintanar, Regente en varias Audencias, últimamente en la de Vetusta, donde se jubiló con el pretexto de evitar murmuraciones acerca de ciertas dudosas incompatibilidades (..); a su mujer se la siguió llamando la Regenta.2

Quello di Ana è un matrimonio privo di ogni sentimento reale poiché combinato dall’amico Frigilis con il beneplacito delle zie, a cui si aggiunge anche l’importante parere del suo confessore Ripamilán.
Da notare come le zie spingano la nipote a trovarsi un marito per poterla ripulire dal falso disonore subito da Ana quando è fuggita con Germán, dalle macchie del tradimento e dalla povertà ereditate da suo padre, introducendola così nell’alta società di Vetusta:
Señorita… hija mía; ha llegado un momento que puede ser decisivo en tu existencia. (Era el estilo de La Etelvina.) Tu tía y yo hemos hecho por ti todo género de sacrificios; ni nuestra miseria, a duras penas disimulada delante del mundo, nos ha impedido rodearte de todas las comodidades apetecibles. La caridad es inagotable, pero no lo son nuestros recursos. Nosotras no te hemos recordado jamás lo que nos debes (se lo recordaban al comer y al cenar todos los días), nosotras hemos perdonado tu origen, es decir, el de tu desgraciada madre, todo, todo ha sido aquí olvidado. Pues bien, todo esto lo pagarías tú con la más negra ingratitud, con la ingratitud más criminal, si a la proposición que vamos a hacerte contestaras con una negativa… incalificable.
-Incalificable -repitió doña Águeda-. Pero creo inútil todo este sermón -añadió- porque la niña saltará de alegría en cuanto sepa de lo que se trata. (..)
-Como supongo -prosiguió doña Anuncia- que ya no te acordarás siquiera de aquella locura del monjío (..). En ese caso -interrumpió doña Águeda- como no querrás quedarte sola en el mundo el día que nosotras faltemos…
-Ni tendrás ningún amorcillo oculto, que sería indecente…
-Y como nosotras no podemos más…
-Y como es tu deber aceptar la felicidad que se te ofrece…
-Te morirás de gusto cuando sepas que don Frutos Redondo, el más rico del Espolón, ha pedido hoy mismo tu mano.
Ana, contra el expreso mandato de sus tías, no se murió de gusto. Calló; no se atrevía a dar una negativa categórica.3
Ana inizialmente manifesta la volontà di vivere in un monastero, idea che viene immediatamente respinta dal suo confessore il quale, con un linguaggio altamente persuasivo, riesce a farle credere che la vera felicità risiede nell’amare un uomo e non nel credere nelle avventure romantiche di suore che scappano per buttarsi nella braccia di trovatori o delinquenti. A questo proposito le propone un candidato, un magistrato di Saragozza, Víctor Quintanar:
El confesor de Anita, Ripamilán, oyó la proposición de la joven como quien oye llover. Hija mía, las esposas de Jesús no se hacen de tu maderita. Haz feliz a un cristiano, que bien puedes, y déjate de vocaciones improvisadas. La culpa la tiene el romanticismo con sus dramas escandalosos de monjitas que se escapan en brazos de trovadores con plumero y capitanes de forajidos. Has de saber, Anita mía, que yo tengo para ti un novio, paisano mío. Vuélvete a casa, que allá iré yo y te hablaré del asunto. Aquí sería una profanación.
El candidato de Ripamilán era un magistrado, natural de Zaragoza, joven para oidor y algo maduro, aunque no mucho, para novio. Tenía entonces la señorita doña Ana Ozores diez y nueve años y el señor don Víctor Quintanar pasaba de los cuarenta. Pero estaba muy bien conservado. Ana suplicó a don Cayetano que nada dijese a sus tías de aquella proporción, hasta que ella tratase algún tiempo a Quintanar; porque si doña Anuncia sabía algo, impondría al novio sin más examen.
-«Nada más justo; prefiero que estas cosas las resuelva el corazón; Moratín, mi querido Moratín, nos lo enseña gallardamente en su comedia inmortal: El sí de las niñas».4
Come Ripamilán, anche Don Cayetano afferma l’importanza del matrimonio per una donna onorata, pronunciando una diatriba conto la teatralità e la falsità del mondo romantico dei libri letti da Ana che la spingono verso il misticismo monacale:
Don Cayetano, que sabía ponerse serio, llegado el caso, procuró convencer a su amiguita de que su piedad, si era suficiente para una mujer honrada en el mundo, no bastaba para los sacrificios del claustro.
-«Todo aquello de haber llorado de amor leyendo a San Agustín y a San Juan de la Cruz no valía nada; había sido cosa de la edad crítica que atravesaba entonces. En cuanto a Chateaubriand, no había que hacer caso de él. Todo eso de hacerse monja sin vocación, estaba bien para el teatro; pero en el mundo no había Manriques ni Tenorios, que escalasen conventos, a Dios gracias. La verdadera piedad consistía en hacer feliz a tan cumplido y enamorado caballero como el señor Quintanar, su paisano y amigo».
Ana renunció poco a poco a la idea de ser monja. Su conciencia le gritaba que no era aquél el sacrificio que ella podía hacer. El claustro era probablemente lo mismo que Vetusta; no era con Jesús con quien iba a vivir, sino con hermanas más parecidas de fijo a sus tías que a San Agustín y a Santa Teresa. Algo se supo en el círculo de la nobleza de las «veleidades místicas» de Anita, y las que la habían llamado Jorge Sandio no se mordieron la lengua y criticaron con mayor crueldad el nuevo antojo.5
Il rapporto fra Ana e Víctor è come quello che si instaura fra padre e figlia, privo di qualsiasi relazione sessuale, contatto fisico e effusioni. L’unico contatto che hanno è lo scambio di casti baci sulla fronte. L’assenza di vero amore della coppia è reiterata in tutta l’opera dalla protagonista attraverso le sue riflessioni e le confessioni al Magistral, e percepita anche dagli altri personaggi come Don Fermín, Mesía e Frígilis. Ana ubbidisce in modo remissivo alla necessità del matrimonio e acconsente alle nozze con Quintanar, confidando nella possibilità di imparare ad amarlo:
«No le amaba, no; pero procuraría amarle».6

La sua infelicità per la mancanza di amore nel suo matrimonio è resa evidente quando, passeggiando per le strade di Vetusta, nota dei suoi coetanei amoreggiare e pensa di non aver mai ricevuto amore:
(..) con la imaginación iba juntando por parejas a hombres y mujeres según pasaban, y ya se le antojaba que vivía en una ciudad donde criadas, costureras y señoritas, amaban y eran amadas por molineros, obreros, estudiantes y militares de la reserva.. Sólo ella no tenía amor;7

Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.8
Il rapporto fra ambo i due personaggi è connotato da una relazione di padre e figlia, data dall’età avanzata di Víctor e dall’esigenza di Ana di sublimare le relazioni famigliari che le sono mancate durante l’infanzia. A questo proposito Juan Oleza scrive: «de niña, su padre no supo compensar la falta de su madre y la férrea y deshonesta institutriz no hizo más que subrayar su angustia por esta carencia. De ahí su obsesiva sublimación de parentesco: a su marido lo convertirá de las relaciones de parentesco: a su marido lo convertirá en su padre, e incluso a su madre, a su confesor el “hermano del alma”»:9

Ana se propuso emplear su celo en ganar para Dios el alma de su don Víctor, «que venía también a ser su padre».10

Ana contempló en silencio su marido. «Era su padre! Le quería como a su padre!Hasta se parecía un poco Don Carlos.11

«¡Su Quintanar! Aquél era el verdadero amigo, el padre, la madre, todo» 12

«¡Ay, sí! aquello era el padre, la madre, el hermano, la fortaleza dulce de la caricia conocida, el amparo espiritual del amor casero; no, no estaba sola en el mundo, su Quintanar era suyo». Eterna fidelidad le juró callando, en el beso largo, intenso con que pagó los del marido.13
Altra caratteristica è la totale assenza di rapporti fisici. In questo senso sono fondamentali le considerazioni di Obdulia riguardo alla camera da letto:

¡La cama es un horror! Muy buena para la alcaldesa de Palomares. ¡Una cama de matrimonio! ¡Y qué cama! Una grosería. ¿Y lo demás? Nada. Allí no hay sexo. (..) La alcoba es la mujer como el estilo es el hombre. Dime cómo duermes y te diré quién eres.14

Él se inclinó para besarle la frente, pero ella echándole los brazos al cuello y hacia atrás la cabeza, recibió en los labios el beso. Don Víctor se puso un poco encarnado; sintió hervir la sangre. Pero no se atrevió
Quanto detto fino ad ora viene sugellato anche dalle distanti camere da letto in cui dormono i personaggi:

(riferimento a Don Víctor) su habitación que estaba al otro extremo del caserón de los Ozores. (..) No se recuerda quién, pero él piensa que Anita, se atrevió a manifestar el deseo de una separación en cuanto al tálamo -quo ad thorum-. Fue acogida con mal disimulado júbilo la proposición tímida, y el matrimonio mejor avenido del mundo dividió el lecho. Ella se fue al otro extremo del caserón, que era caliente porque estaba al Mediodía, y él se quedó en su alcoba. Pudo Anita dormir en adelante la mañana, sin que nadie interrumpiera esta delicia; y pudo Quintanar levantarse con la aurora y recrear el oído con los cercanos conciertos matutinos de codornices, tordos, perdices, tórtolas y canarios.15

In questo monologo con se stessa Ana rivela tutta la sua infelicità per la mancanza d’amore, per il desiderio sessuale represso, per il rapporto fraterno che intercorre con colui che invece è suo marito:
«Tenía veintisiete años, la juventud huía; veintisiete años de mujer eran la puerta de la vejez a que ya estaba llamando…y no había gozado una sola vez esas delicias del amor de que hablan todos, que son el asunto de comedias, novelas y hasta de la historia. El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces. Pero ¿qué amor? ¿dónde estaba ese amor? Ella no lo conocía. Y recordaba entre avergonzada y furiosa que su luna de miel había sido una excitación inútil, una alarma de los sentidos, un sarcasmo en el fondo; sí, sí, ¿para qué ocultárselo a sí misma si a voces se lo estaba diciendo el recuerdo? La primer noche, al despertar en su lecho de esposa, sintió junto a sí la respiración de un magistrado; le pareció un despropósito y una desfachatez que ya que estaba allí dentro el señor Quintanar, no estuviera con su levita larga de tricot y su pantalón negro de castor; recordaba que las delicias materiales, irremediables, la avergonzaban, y se reían de ella al mismo tiempo que la aturdían: el gozar sin querer junto a aquel hombre le sonaba como la frase del miércoles de ceniza, ¡quia pulvis es! eres polvo, eres materia…pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia…¡Lo que aquello era y lo que podía haber sido!..(..) Nada de hijos. Don Víctor no era pesado, eso es verdad. Se había cansado pronto de hacer el galán y paulatinamente había pasado al papel de barba que le sentaba mejor. ¡Oh, y lo que es como un padre se había hecho querer, eso sí!; no podía ella acostarse sin un beso de su marido en la frente. Pero llegaba la primavera y ella misma, ella le buscaba los besos en la boca; le remordía la conciencia de no quererle como marido, de no desear sus caricias; y además tenía miedo a los sentidos excitados en vano. De todo aquello resultaba una gran injusticia no sabía de quién, un dolor irremediable que ni siquiera tenía el atractivo de los dolores poéticos; era un dolor vergonzoso, como las enfermedades que ella había visto en Madrid anunciadas en faroles verdes y encarnados. ¿Cómo había de confesar aquello, sobre todo así, como lo pensaba? y otra cosa no era confesarlo».16
Il senso di insoddisfazione e di infelicità sempre maggiore la portano addirittura a considerare suo marito come un idiota, un fastidio, causa delle sue sofferenze e delle sue continue crisi di nervi:
«¡Su don Víctor! ¡Aquel idiota! Sí, idiota; en aquel momento no se volvía atrás. ¡Qué diría Petra para sus adentros! ¿Qué marido era aquel que cazaba con trampa a su esposa?». (..) «Si pensaría Quintanar que una mujer es de hierro y puede resistir, sin caer en la tentación, manías de un marido que inventa máquinas absurdas para magullar los brazos de su esposa. Su marido era botánico, ornitólogo, floricultor, arboricultor, cazador, crítico de comedias, cómico, jurisconsulto; todo menos un marido. (..) Y hacía tres años que ella vivía entre aquel par de sonámbulos, sin más relaciones íntimas. Bastaba, bastaba, no podía más; aquello era la gota de agua que hace desbordar… ¡caer en una trampa que un marido coloca en su despacho como si fuera el monte! ¡no era esto el colmo de lo ridículo!»..17

Como otras veces, Ana fue tan lejos en este vejamen de sí misma, que la exageración la obligó a retroceder y no paró hasta echar la culpa de todos sus males a Vetusta, a sus tías, a D. Víctor, a Frígilis, y concluyó por tenerse aquella lástima tierna y profunda que la hacía tan indulgente a ratos para con los propios defectos y culpas.18
La sofferenza della Regenta è dovuta anche dalla solitudine che sente per via della scarsa presenza di suo marito che trascorre le sue giornate a cacciare, o al Casino o a leggere commedie teatrali:
Don Víctor no paraba en casa. Si no estaba de caza, entraba y salía, pero sin detenerse; apenas se detenía en su despacho. Le había tomado cierto miedo. Varias máquinas de las que estaban inventando o perfeccionando se le habían sublevado, erizándose de inesperadas dificultades de mecánica racional. Allí estaban cubiertos de glorioso polvo sobre la mesa del despacho diabólicos artefactos de acero y madera, esperando en posturas interinas a que don Víctor emprendiese el estudio serio de las matemáticas, de todas las matemáticas, que tenía aplazado por culpa de la compañía dramática de Perales. En tanto Quintanar, un poco avergonzado en presencia de aquellos juguetes irónicos que se le reían en las barbas, esquivaba su despacho siempre que podía; y ni cartas escribía allí. Además; las colecciones botánicas, mineralógicas y entomológicas yacían en un desorden caótico, y la pereza de emprender la tarea penosa de volver a clasificar tantas yerbas y mosquitos también le alejaba de su casa. Iba al Casino a disputar y a jugar al ajedrez; hacía muchas visitas y buscaba modo de no aburrirse metido en casa. «Mejor», pensaba Ana sin querer. Su don Víctor, a quien en principio ella estimaba, respetaba y hasta quería todo lo que era menester, a su juicio, le iba pareciendo más insustancial cada día: y cada vez que se le ponía delante echaba a rodar los proyectos de vida piadosa que Ana poco a poco iba acumulando en su cerebro, dispuesta a ser, en cuanto mejorase el tiempo, una beata en el sentido en que el Magistral lo había solicitado. Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien; sabía ella que su deber era amarle, cuidarle, obedecerle; pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja; vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre. (..) Ese hombre y este pueblo me llenan la vida de prosa miserable (..)…». .19
Don Víctor è un romantico attempato, un idealista ingenuo ed anacronistico in quanto vive della letteratura, delle commedia di cappa e spada, delle tragedie seicentesche. La sua incapacità di comprendere la realtà non gli permettere di capire il dramma di sua moglie così che alla fine si ritroverà protagonista e vittima di un caso di onore proprio come nelle opere calderoniane che ama tanto leggere e declamare: «La literatura, bajo forma de comedias de capa y espada y dramas de la honra, no supone para él tan sólo un medio de escapar de la realidad cotidiana y de realizarse sublimadamente en un mundo ideal, sino que es asimismo la pasión de un actor convencido, de un único papel, el del marido calderoniano, para quien la ficción se proyecta necesariamente sobre la vida, reconduciéndola y orientándola según sus valores»20:
Se encerraba en su despacho o en su alcoba y recitaba grandes relaciones como él decía, de las más famosas comedias, casi siempre con la espada en la mano. Así le había sorprendido su mujer, sin que él lo supiera nunca, la noche de Noche buena. Verdad es que había cenado fuerte el buen señor y se le había ocurrido celebrar a su modo el Nacimiento de Jesús.21
La caratteristica di Quintanar, oltre di essere un anacronistico romantico, è la debolezza del carattere, nonché la mancanza di una forte personalità:
Quintanar había llegado a viejo sin saber «cuál era su destino en la tierra», como él decía, usando el lenguaje del tiempo romántico, del que le quedaban algunos resabios. Era el espíritu del ex-regente, de blanda cera; fácilmente tomaba todas las formas y fácilmente las cambiaba por otras nuevas. Creíase hombre de energía, porque a veces usaba en casa un lenguaje imperativo, de bando municipal; pero no era, en rigor, más que una pasta para que otros hiciesen de él lo que quisieran. Así se explicaba que, siendo valiente, jamás hubiese tenido ocasión de mostrar su valor luchando contra una voluntad contraria. Él sostenía que en su casa no se hacía más que lo que él quería, y no echaba de ver que siempre acababa por querer lo que determinaban los demás. Si Ana Ozores hubiera tenido un carácter dominante, don Víctor se hubiese visto en la triste condición de esclavo: por fortuna, la Regenta dejaba al buen esposo entregado a las veleidades de sus caprichos y se contentaba con negarle toda influencia sobre los propios gustos y aficiones. Aquel programa de diversiones, alegría, actividad bulliciosa, que había publicado a son de trompeta Quintanar, se cumplía sólo en las partes y por el tiempo que a su esposa le parecían bien; si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía; procuraba que la retirada fuese honrosa, fingía transigir y creía a salvo su honor de hombre enérgico y amo de su casa, permitiéndose la audacia de gruñir un poco, entre dientes, cuando ya nadie le oía. Los criados le imponían su voluntad, sin que él lo sospechara. Hasta en el comedor se le había derrotado. Amante, como buen aragonés, de los platos fuertes, del vino espeso, de la clásica abundancia, había ido cediendo poco a poco, sin conocerlo, y comía ya mucho menos, y pasaba por los manjares más fantásticos que suculentos, que agradaban a su mujer. No era que Anita se los impusiese, sino que las cocineras preferían agradar al ama, porque allí veían una voluntad seria, y en el señor sólo encontraban un predicador que les aburría con sermones que no entendían. Hasta en el estilo se notaba que Quintanar carecía de carácter. Hablaba como el periódico o el libro que acababa de leer, y algunos giros, inflexiones de voz y otras cualidades de su oratoria, que parecían señales de una manera original, no eran más que vestigios de aficiones y ocupaciones pasadas. Así hablaba a veces como una sentencia del Tribunal Supremo, usaba en la conversación familiar el tecnicismo jurídico, y esto era lo único que en él quedaba del antiguo magistrado. No poco había contribuido en Quintanar a privarle de originalidad y resolución, el contraste de su oficio y de sus aficiones. Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. Si la sociedad estuviera constituida de modo que fuese una carrera suficiente para ganarse la vida, la de cómico aficionado, Quintanar lo hubiera sido hasta la muerte y hubiera llegado a trabajar, frase suya, tan bien como cualquiera de esos otros primeros galanes que recorren las capitales de provincia, a guisa de buhoneros.(..); y era cazador, botánico, inventor, ebanista, filósofo, todo lo que querían hacer de él su amigo Frígilis y los vientos del azar y del capricho. Frígilis había formado a su querido Víctor, al cabo de tantos años de trato íntimo a su imagen y semejanza, en cuanto era posible.

Alla stessa maniera di Víctor, anche Ana si presenta come una donna debole. Bisognosa di protezione, incapace di reagire alla noia ed alla solitudine, si nasconde dietro i suoi continui attacchi di nervi. Malgrado il marito le proponga una serie di attività contro il tedio e la depressione, Ana finisce per chiudersi sempre più in se stessa, abbandonandosi alla nevrosi.
Le continue lamentele ed i frequenti attacchi di nervi infastidiscono lo stesso Quintanar, portandolo a passare sempre meno tempo con Ana, aumentando il suo egoismo:

Bostezó don Víctor y salió del gabinete después de depositar un casto beso en la frente de su mujer. Entró en su despacho. Estaba de mal humor. «Aquella enfermedad misteriosa de Ana -porque era una enfermedad, estaba seguro- le preocupaba y le molestaba. No estaba él para templar gaitas: los nervios le eran antipáticos; estas penas sin causa conocida no le inspiraban compasión, le irritaban, le parecían mimos de enfermo; él quería mucho a su mujer, pero a los nervios los aborrecía.22

«La idea de una recaída, de un estancamiento siquiera, le parecía subversiva, una maquinación contra su reposo. «Él no era de piedra. No podría resistir…». Ya no tenía compasión de la enferma; ya no había allí más que nervios…y empezó a pensar en sí mismo exclusivamente. Entraba y salía a cada momento en la alcoba de Ana; casi nunca se sentaba, y hasta llegó a fastidiarle el registro de medicinas y demás pormenores íntimos. El médico tuvo que entenderse con Petra. Quintanar inventaba sofismas y hasta mentiras para estar fuera, en su despacho, en el Parque. «¡Qué gran cosa eran el Arte y la Naturaleza! En rigor todo era uno, Dios el autor de todo». Y respiraba don Víctor las auras de abril con placer voluptuoso, tragando aire a dos carrillos. Volvió a componer sus maquinillas, soñó con nuevos inventos, y envidió a Frígilis la aclimatación del Eucaliptus globulus en Vetusta. (..) La Regenta notó la ausencia de su marido; la dejaba sola horas y horas que a él le parecían minutos. Cuando las congojas la anegaban en mares de tristeza, que parecían sin orillas, cuando se sentía como aislada del mundo, abandonada sin remedio, ya no llamaba a Quintanar, aunque era el único ser vivo de quien entonces se acordaba; prefería dejarle tranquilo allá fuera, porque si venía le hacía daño con aquel desdén gárrulo y absurdo de los padecimientos nerviosos.23

La mancanza del vero sentimento amoroso e una moglie in preda a crisi isterico-depressive conducono inevitabilmente don Víctor a lasciarsi andare alle pretese lascive di Petra:
Don Víctor, en el seno de la amistad, seguro de que Mesía había de ser un pozo, le refirió las persecuciones de que había sido víctima, las provocaciones lascivas de Petra; y confesó que al fin, después de resistir mucho tiempo, años, como un José… habíase cegado en un momento… y había jugado el todo por el todo. Pero nada, lo de siempre; bastó que la muchacha opusiera la resistencia que el fingido pudor exigía, para que él, seguro de vencer, enfriara, cejase en su descabellado propósito, contentándose con pequeños favores y con el conocimiento exacto de la hermosura que ya no había de poseer.
Y de una en otra vino a declarar el hallazgo de la liga, aunque sin decir que había sido de su mujer. Le parecía una debilidad indigna de un marido «de mundo» regalarle ligas a su señora. Pidió consejo a Mesía respecto de su conducta futura con Petra.
-¿Debo despedirla?
-¿Tiene usted celos?
-No señor; yo no soy el perro del hortelano… aunque he de confesar que algo me disgustó en el primer momento el descubrir aquella prueba de su liviandad.24.

Don Víctor acercó su silla a la del otro, y tomó el tono de las grandes revelaciones.
-Actualmente -dijo- todo me sonríe. Soy feliz en mi hogar, no entro ni salgo en la vida pública; ya no temo la invasión absorbente de la iglesia, cuya influencia deletérea… pero esa Petra me parece que me quiere dar un disgusto.
Movimiento de sobresalto en Mesía.
-Explíquese usted. ¿Ha vuelto usted a las andadas?
-He vuelto y no he vuelto… Quiero decir… ha habido escarceos… explicaciones… treguas… promesas de respetar…lo que esa grandísima tunanta no quiere que le respeten… en suma: ella está picada porque yo prefiero la tranquilidad de mi hogar, la pureza de mi lecho, de mi tálamo… como si dijéramos, a la satisfacción de efímeros placeres… ¿Me entiende usted? Finge que se alborota por defender su honor que, en resumidas cuentas, aquí nadie se atreve a amenazar seriamente, y lo que en rigor la irrita, es mi frialdad..(..)
-Mire usted, Álvaro, por nada de este mundo daría yo un disgusto a mi Anita, que es ahora modelo de esposas; siempre fue buena, pero antes tenía sus caprichos, ya recuerda usted…Ahora la pobrecita coincide con mis gustos en todo. Por aquí, digo, y por aquí se va. Hasta le ha pasado aquella exaltación un poco selvática, aquel amor excesivo a los placeres bucólicos, aquella exclusiva preocupación de la salud al aire libre, del ejercicio, de la higiene en suma… Todos los extremos son malos, y Benítez me tenía dicho que la verdadera curación de Ana vendría cuando se la viese menos atenta a la salud de su cuerpo, sin volver, ni por pienso, al cuidado excesivo y loco de su alma. ¡Aquello era lo peor!
-Pero… no me dice usted…
-Allá voy; Ana vive ahora en un equilibrio que es garantía de la salud por la que tanto tiempo hemos suspirado; ya no hay nervios, quiero decir, ya no nos da aquellos sustos; no tiene jamás veleidades de santa, ni me llena la casa de sotanas… en fin, es otra, y la paz que ahora disfruto no quiero perderla a ningún precio. Ahora bien… Petra…puede y creo que quiere comprometernos.
-Pero vamos a ver, ¿qué hace Petra?
-Comprometer la paz de esta casa; temo que quiere dominarnos prevaliéndose de mi situación falsa, falsísima… lo confieso. ¿No comprende usted que para Ana tendría que ser un golpe terrible cualquier revelación de esa… ramerilla hipócrita? (..) ¿Qué sucede? Mucho. Petra sabe que yo quiero evitar a toda costa un disgusto a mi mujer, porque temo que cualquier crisis nerviosa lo echase todo a rodar y volviéramos a las andadas. Un desengaño, mi escasa fidelidad descubierta, de fijo la volvería a sus antiguas cavilaciones, a su desprecio del mundo, buscaría consuelo en la religión y ahí teníamos al señor Magistral otra vez… ¡Antes que eso, cualquiera cosa! Es preciso evitar a toda costa que Ana sepa que yo, en momento de ceguera intelectual y sensual fuí capaz de solicitar los favores de esa scortum, como las llama don Saturnino….25
Quanto riportato fino ad ora mette in luce un matrimonio obbligato, infelice, fatto di pochi dialoghi. In questo contesto, a giusto titolo, Ana potrebbe rientrare nel genere letterario della “malmaritata”. Ed è proprio la letteratura a fungere da «mecanismo de caracterización de los personajes, sobre los cuales se nos detalla casi siempre aquello que han leído y que han influido en sus vidas. Como ha señalado F. Durand, la literatura sirve en primer lugar como vía de escape de la prosaica vida vetustense hacia vidas soñadamente más interesantes. De hecho, la ficción es el único medio, para muchos vetustenses, de realizar sus aspiraciones más secretas a la aventura. Pero los vetustenses no se conforman con escapar de la realidad a través de la ficción, sino que pretenden prolongar ésta en su retorno a la realidad, por medio de la imitación de los personajes literarios, produciendo un inextricable interpenetración de vida y literatura. Entre los múltiples casos el más espectacular, sin duda, el de don Víctor Quintanar, que vive al tiempo que lee los dramas de la honra de la época barroca, especialmente de Calderón. Sin embargo, en su caso, la ficción y la realidad llegarán a coincidir, y la situación que él tantas veces había soñado vivir se le presenta de golpe.»26
Esattamente come Víctor Quintanar, anche Ana imita dei personaggi letterari: Santa Teresa, presa come modello esemplare di misticismo e Madame Bovary, seppur solo di riflesso27. «Las imitaciones de personajes literarios, cuando son voluntarias, implican siempre una degradación de éstos, y en muchos casos la ridiculez de la situación resultante nace del contraste entre aquellos a quienes se aspira a representar y lo que realmente se representa.»28 E questa compenetrazione fra letteratura e vita, fra sogno e realtà crea anche un effetto parodico attraverso cui Clarín critica i suoi personaggi. Nel caso di Ana e Víctor l’autore mette in luce il carattere vuoto e banale della loro vita, il tentativo fallito di sublimazione dalla realtà attraverso la letteratura, l’ “impotenza” spirituale (Ana ha continue crisi isteriche e non reagisce alla noia, Víctor non riesce a rendere felice sua moglie). Ed è proprio la parodia a generare «un discurso doblememte literario que juega con la literatura dentro de la literatura, tanto en la medidia en que espesa el lenguaje con las referencias propias de la erudición literaria de su autor como en la de que hace de la literatura un elemento básico de la caracterización de sus personajes y de la elaboración de sus situaciones». 29
Questo duplice discorso linguistico rientra all’interno di un’estetica del doppio riscontrabile:
nella specularità dei due personaggi
*assenza del sentimento amoroso: nozze obbligate;
* tradimento (Ana con Mesía e Víctor con Petra);
*sublimazione della realtà attraverso l’imitazione di personaggi letterari (il teatro per Quintanar e Santa Teresa per Ana);
*confessione (Ana si confessa con il Magistral, Quintanar con Mesía);
*inettitudine (Ana si lascia andare alla noia e alla passività, Quintanar non riesce a capire il dramma di Ana);
*teatralità e spettacolarità (scena relativa alla processione di Ana e scena in cui Víctor viene sorpreso dalla moglie che declama versi alzando il braccio e la spada);

nelle coppie:
* Ana-Mesía, Víctor-Petra per via del tradimento;
*De Pas-Mesía contro Quintanar per la conquista di Ana;

nel gioco delle opposizioni:
* Vetusta-Ana;
* Vetusta-Magistral;
* Quintanar versus Mesía;
* Quintanar versus De Pas;
* De Pas versus Mesía;
* realtà versus letteratura;
* erotismo versus misticismo;
* idealismo versus naturalismo;
* trascendenza versus sensualità;
* onore versus disonore;
* amore versus tradimento;
* isteria versus tranquillità;
* romanticismo versus realismo;
* storia passata versus storia presente;
* onniscenza versus commenti del narratore;
* stile indiretto libero versus stile diretto;
* socialismo versus carlismo;
* materia versus spirito;
* elegia versus satira, laddove per satira si intende l’espressione critica del male, l’errore o la deformità, e per elegia l’espressione sentimentale della carenza di bene, verità e bellezza.30
* devozione religiosa e impulso erotico;

nel duplice discorso letterario come:
* manifestazione di erudizione dell’autore;
* base per la caratterizzazione dei personaggi;

nell’uso di due diversi tipi di ironia:
* ironia “situazionale” o “drammatica” che consiste nel dare diversi punti di vista di uno stesso personaggio che contrastano pi con la visione caricaturale che ne da il narratore;
* ironia “linguistica” che si basa sull’utilizzo dell’iperbole, antifrasi, dell’umanizzazione dell’animale e dell’animalizzazione dell’umano;

Se da un lato Ana e Víctor presentano degli aspetti speculari, dall’altro si differenziano per quanto concerne il libero arbitrio. Mentre Ana mostra sin da piccola un carattere assolutamente remissivo (esemplare è l’impossibilità di contraddire le zie), il marito, seppur dipinto come un incapace e un vecchio romantico, finisce per scegliere di testa propria. Come scrive Juan Oleza, «el caso más evidente del libre albedrío es el del proprio Quintanar, uno s de los personajes menos propicio, por su maleabilidad, a ejecerlo. En efecto, en lugar de ser manejeado por la intriga de De pas y de Petra, que habría conducido al final de Don Álvaro y al castigo de Ana, se resiste y elebora su propria solución (perdón de Ana y desafío de Álvaro) a partir de los influjos antagónicos de Frígilis y De Pas. De nuevo falla la lógica de los hechos cuando Don Víctor, consumado cazador y experto en armas, además de marido ultrajado con ideologíaía calderoniana del honor, decide no matar a Don Álvaro por libre elección y contra su habilidad y sus ideas, mientras que Don Álvaro, cobarde y poco amigo de las armas, se siente impulsado a matar a Don Víctor»31.

2. FORTUNATA Y JACINTA32

Sólo en la edad pueril, cuando a la sociedad se le cae la baba y vive bajo la férula del dómine, se comprende que exista y tenga prosélitos la institución llamada matrimonio, unión perpetua de los sexos, contraviniendo la ley de Naturaleza… ¿y a santo de qué?, vamos a ver… Eso sí, por encima de todo la Naturaleza. (Parte III, capitolo I, paragrafo VI, pag. 42)

Come scrive María Zambrano Galdós è “el primer escritor español que introduce a todo riesgo las mujeres en su mundo. Las mujeres múltiples y diversas, reales y distintas, ontológicamente iguales al varón. Y esta es la novedad. Existen como el hombre, tienen el mismo género de realidad, es lo decisivo y lo que se da a ver”.33 Infatti protagoniste indiscusse di quest’opera sono esattamente due donne di diversa estrazione sociale: Jacinta, aristocratica e moglie ufficile di Juan, e Fortunata, orfana povera sedotta e poi abbandonata numerose volte da Juan.

2.1 JUANITO SANTA CRUZ E JACINTA
Del matrimonio di Juanito e Jacinta abbiamo sufficiente informazioni a partire dal IV capitolo, in cui il narratore ci rivela come esso sia stato preventivamente organizzato da doña Barbarita, madre di Juan, preoccupata per la continua assenza del figlio:
Barbarita (..) se decía por el camino: «Ahora le voy a poner a mi pollo una calza para que no se me escape más».(..) La mamá se la tenía guardada. Esperaba ocasión propicia, y en cuanto esta llegó supo acometer la empresa aquella de la calza, como persona lista y conocedora de las mañas del ave que era preciso aprisionar. Dios la ayudaba sin duda, porque el pollo no parecía muy dispuesto a la resistencia. «Pues sí -dijo ella. (..) Es preciso que te cases. Ya te tengo la mujer buscada. Eres un chiquillo, y a ti hay que dártelo todo hecho. ¡Qué será de ti el día en que yo te falte! Por eso quiero dejarte en buenas manos…No te rías, no; es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera. ¿A ti te cabe en la cabeza que pueda yo proponerte nada que no te convenga?…No. Pues a callar, y pon tu porvenir en mis manos. No sé qué instinto tenemos las madres, algunas quiero decir. En ciertos casos no nos equivocamos; somos infalibles como el Papa». La esposa que Barbarita proponía a su hijo era Jacinta, su prima, la tercera de las hijas de Gumersindo Arnaiz. 34

Alla volontà della madre Juan non sembra ribellarsi, ma, al contrario, finisce per assecondarla passivamente, mostrando una personalità remissiva e decisamente poco spiccata:
Juan no dijo que sí ni que no. Limitose a responder por fórmula que lo pensaría; pero una voz de su alma le declaraba que aquella gran mujer y madre tenía tratos con el Espíritu Santo, y que su proyecto era un verdadero caso de infalibilidad. (..) Ya dije que el Delfín prometió pensarlo; mas esto significaba sin duda la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en los casos graves; en otros términos, su amor propio, que le gobernaba más que la conciencia, le exigía, ya que no una elección libre, el simulacro de ella. Por eso Juanito no sólo lo decía, sino que parecía como que pensaba, yéndose a pasear solo por aquellos peñascales, y se engañaba a sí mismo diciéndose: «¡qué pensativo estoy!». Porque estas cosas son muy serias, ¡vaya!, y hay que revolverlas mucho en el magín. Lo que hacía el muy farsante era saborear de antemano lo que se le aproximaba y ver de qué manera decía a su madre con el aire más grave y filosófico del mundo: «Mamá, he meditado profundísimamente sobre este problema, pesando con escrúpulo las ventajas y los inconvenientes, y la verdad, aunque el caso tiene sus más y sus menos, aquí me tiene usted dispuesto a complacerla».
Todo esto era comedia, y querer echárselas de hombre reflexivo. Su madre había recobrado sobre él aquel ascendiente omnímodo que tuvo antes de las trapisondas que apuntadas quedan, y como el hijo pródigo a quien los reveses hacen ver cuánto le daña el obrar y pensar por cuenta propia, descansaba de sus funestas aventuras pensando y obrando con la cabeza y la voluntad de su madre.35

Il suo accondiscendere alla volontà della signora Barbarita non implica un reale amore per la futura sposa Jacinta, per la quale Juanito nutre un profondo affetto ben lontano dal profondo sentimento amoroso. Il narratore ci informa che Juanito considera Jacinta come una cugina che una vera amante:
Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima. Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él) habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él. Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan para que se ahogaran.. ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas, hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer… «Envidiosa». «Acusón» Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. (..) El paso de esta situación fraternal a la de amantes no le parecía al joven Santa Cruz cosa fácil. Él, que tan atrevido era lejos del hogar paterno, sentíase acobardado delante de aquella flor criada en su propia casa, y tenía por imposible que las cunitas de ambos, reunidas, se convirtieran en tálamo.
Mas para todo hay remedio menos para la muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis, que las dificultades se desleían como la sal en el agua; que lo que a él le parecía montaña era como la palma de la mano, y que el tránsito de la fraternidad al enamoramiento se hacía como una seda. 36
Le nozze fra Juan e Jacinta avvengono nel maggio 1871. Il giorno seguente i due partono per la luna di miele, momento che si rivela essere particolarmente felice per la coppia. Oltre a rappresentare un momento di serenità e complicità, il viaggio di nozze è anche rivelatore dei precedenti amorosi di Juan. Jacinta, spinta dalla curiosità di conoscere i trascorsi sentimentali del marito, riesce a farsi confessare la storia d’amore fra suo marito e una certa Fortunata, di cui il narratore ci ha già informato della sua esistenza nel III capitolo. In un momento di ebbrezza, Juan racconta a Jacinta di aver sedotto tale Fortunata, un’orfana incontrata sotto casa di Estupiña, mangiando un uovo crudo:
—Como te iba diciendo, conocí a una mujer…Cosas de muchachos. Pero déjame que empiece por el principio. Érase una vez… un caballero anciano muy parecido a una cotorra y llamado Estupiñá, el cual cayó enfermo y…cosa natural, sus amigos fueron a verle…y uno de estos amigos, al subir la escalera de piedra, encontró una muchacha que se estaba comiendo un huevo crudo… ¿Qué tal?…—Un huevo crudo… ¡qué asco!—exclamó Jacinta escupiendo una salivita—. ¿Qué se puede esperar de quien se enamora de una mujer que come huevos crudos?…
—Hablando aquí con imparcialidad, te diré que era guapa. ¿Te enfadas? (..) No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos, suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de peligro. (..)
—¿Y cuál era más guapa?
—¡La mía!—replicó prontamente el Delfín, dejando entrever la fuerza de su amor propio—, la mía… un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la culpa… Estas cosas hay que verlas de cerca… Sí, hija mía, hay que poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano…sí, pero a veces sus latidos no son latidos, sino patadas…¡Aquella infeliz chica…!Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón..¡pobre nena!37

Da notare come Juanito compatisca Fortunata, descrivendola come una povera disgraziata, un animaletto grazioso ma incolto, un’orfanella vittima del suo infelice destino e della sua povertà in quanto appartenente al quarto stato. All’interno di questo quadro risulta interessante il discorso classista dello stesso Juan, secondo cui esistono due realtà lontane fra loro, quella dei ricchi e quelli dei poveri:
Santa Cruz, en su perspicacia, trataba de librar a su esposa de la molestia de complacer a quien sin duda no lo merecía. Para esto ponía en funciones toda la maquinaria más brillante que sólida de su raciocinio, aprendido en el comercio de las liviandades humanas y en someras lecturas. «Hija de mi alma, hay que ponerse en la realidad. Hay dos mundos, el que se ve y el que no se ve. La sociedad no se gobierna con las ideas puras. Buenos andaríamos…No soy tan culpable como parece a primera vista; fíjate bien. Las diferencias de educación y de clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las relaciones humanas. Esto no lo dice el Decálogo; lo dice la realidad. La conducta social tiene sus leyes que en ninguna parte están escritas; pero que se sienten y no se pueden conculcar. Faltas cometí, ¿quién lo duda?, pero imagínate que hubiera seguido entre aquella gente, que hubiera cumplido mis compromisos con la Pitusa…No te quiero decir más. Veo que te ríes. Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una locura recorrer lo que, visto de allá, parecía el camino derecho. Visto de acá, ya es otro distinto. En cosas de moral, lo recto y lo torcido son según de donde se mire. No había, pues, más remedio que hacer lo que hice, y salvarme… Caiga el que caiga. El mundo es así. Debía yo salvarme, ¿sí o no? Pues debiendo salvarme, no había más remedio que lanzarme fuera del barco que se sumergía. En los naufragios siempre hay alguien que se ahoga…Y en el caso concreto del abandono, hay también mucho que hablar. Ciertas palabras no significan nada por sí. Hay que ver los hechos…Yo la busqué para socorrerla; ella no quiso parecer. Cada cual tiene su destino. El de ella era ese: no parecer cuando yo la buscaba».38

Malgrado Juanito dichiari più volte a Jacinta di provare unicamente compassione e pietà per Fortunata, una volta saputo del suo rientro a Madrid, tenta di risedurla. Inizia così una nuova relazione clandestina interrotta e ripresa per ben 3 volte dallo stesso Juanito il quale, diviene artefice di un doppio tradimento: sociale verso la moglie, morale verso Fortunata, sedotta, ingravidata e abbandonata.
Se in un primo momento il matrimonio fra Jacinta e Juan vive un periodo di serenità, pace, armonia e benessere economico, in seguito comincia a oscurarsi. Jacinta si lascia prendere sempre più dall’ossessione di voler un figlio:
(..) Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no satisfacían el alma de Jacinta; y al año de casada, más aún a los dos años, deseaba ardientemente lo que no tenía. ¡Pobre joven! Lo tenía todo, menos chiquillos. Esta pena, que al principio fue desazón insignificante, impaciencia tan sólo convirtiose pronto en dolorosa idea de vacío. Era poco cristiano, al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesión. Dios, que les diera tantos bienes, habíales privado de aquel. No había más remedio que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su omnipotencia dando que quitando. De este modo consolaba a su nuera, que más le parecía hija; pero allá en sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparición de un muchacho que perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atendía con ansia a todo lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión. ¡Pero quia! Pasaba un año, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen palpitar el corazón de las que sueñan con la maternidad, y a veces les hacen decir y hacer muchas tonterías.39
La mancanza di un figlio diviene un pensiero ossessivo per Jacinta «(..) La frustración creciente de Jacinta por no tener hijos merece una mayor comprensión que la que manifiesta el círculo familiar complacido y cerrado que la rodea. Le hace sentir una amarga envidia de las mujeres pobres que tienen hijos de una forma análoga al descontento de Fortunata con su matrimonio. Le hace rebelarse contra su sino, incluso contra Dios, por negarle a ella los hijos mientras que a su madre y a sus hermanas se los ha dado con tan exceso»:40
Il desiderio di Jacinta di sperimentare la maternità è legato a quello di trovare un’identità chiara all’interno del contratto matrimoniale: nel XIX secolo il matrimonio è un vincolo sociale nella quale la donna acquista una sua posizione solo attraverso la maternità. Per questo la sterilità di Jacinta viene vista dalla stessa come una mancanza ai patti previsti dal contratto. Ed è tutto ciò che la porta alla folle compravendita di un bambino che erroneamente crede sia figlio di suo marito.
Le passioni amorose di Juan non si fermano alla sola Fortunata. Nella terza parte dell’opera, infatti, Maxi, marito di Fortunata di cui si parlerà in seguito, confida a sua moglie di aver visto Juanito intrattenere effusioni con l’amica Aurora. Le diverse relazioni extraconiugali del Delfino permettono di paragonarlo a Don Giovanni, dal quale però differisce per non essere totalmente sciolto da ogni legame. Nonostante dia delle dimostrazioni d’affetto sia a Jacinta, sia a Fortunata, Juanito non prova un amore reale per nessuna delle due: Jacinta viene considerata come una sorella, un’amica, Fortunata invece è una donna graziosa ma incolta, povera e di bassa estrazione sociale. In questo modo la figura di Juan si contraddistingue per vanità, egoismo, infedeltà, ozio, infantilismo, ipocrisia:
Lo más gracioso era que él se las echaba de hombre ocupado. ¡Valiente truhán! ¡Si no tenía absolutamente nada que hacer más que pasear y divertirse…! Su padre había trabajado toda la vida como un negro para asegurar la holgazanería dichosa del príncipe de la casa… En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su actitud de humildad y discreción. Creía firmemente que Juan no daría nunca escándalos, y no habiendo escándalo, las cosas irían pasando así. No hay existencia sin gusanillo, un parásito interior que la roe y a sus expensas vive, y ella tenía dos: los apartamientos de su marido y el desconsuelo de no ser madre. Llevaría ambas penas con paciencia, con tal que no saltara algo más fuerte. (…) En honor de la verdad, se ha de decir que Santa Cruz amaba a su mujer. Ni aun en los días que más viva estaba la marea de la infidelidad, dejó de haber para Jacinta un hueco de preferencia en aquel corazón que tenía tantos rincones y callejuelas. Ni la variedad de aficiones y caprichos excluía un sentimiento inamovible hacia su compañera por la ley y la religión. Conociendo perfectamente su valer moral, admiraba en ella las virtudes que él no tenía y que según su criterio, tampoco le hacían mucha falta. Por esta última razón no incurría en la humildad de confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o pudiera disfrutar en este bajo mundo. Vicioso y discreto, sibarita y hombre de talento, aspirando a la erudición de todos los goces y con bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no podía contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el donaire, la extravagancia; quería gustar también la virtud, no precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza misma tenía para él su picante.41

La vanità si unisce alla continua voglia di cercare il diverso. Come afferma Ribbans:«en sus regresos periódicos con su esposa no entra ningún sentido de la fidelidad o del deber ni los remordimientos: al cabo de un tiempo ella simplemente representa otra novedad: así lo muy antiguo y lo conocido se convierte en nuevo, con un anhelo por lo prohibido, la mujer de otro hombre, en torno a ello»:42
Tenía Santa Cruz en altísimo grado las triquiñuelas del artista de la vida, que sabe disponer las cosas del mejor modo posible para sistematizar y refinar sus dichas. Sacaba partido de todo, distribuyendo los goces y ajustándolos a esas misteriosas mareas del humano apetito que, cuando se acentúan, significan una organización viciosa. En el fondo de la naturaleza humana hay también, como en la superficie social, una sucesión de modas, periodos en que es de rigor cambiar de apetitos. Juan tenía temporadas. En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba como si fuera la mujer de otro. Así lo muy antiguo y conocido se convierte en nuevo. Un texto desdeñado de puro sabido vuelve a interesar cuando la memoria principia a perderle y la curiosidad se estimula. Ayudaba a esto el tiernísimo amor que Jacinta le tenía, pues allí sí que no había farsa, ni vil interés ni estudio. Era, pues, para el Delfín una dicha verdadera y casi nueva volver a su puerto después de mil borrascas. Parecía que se restauraba con un cariño tan puro, tan leal y tan suyo, pues nadie en el mundo podía disputárselo.43

Alla fine del libro I, «Juanito pasa por su único período de emoción fuerte en su frenética búsqueda de Fortunata que acaba en pulmonía. En el fondo de esta pasión, poco característica al parecer, está su insaciable búsqueda de novedades, la nueva y elegante Fortunata descrita por Villalonga (..)».44
In quanto personaggio negativo, prototipo della borghesia parassitaria e decadente contemporanea all’autore, finisce per essere un mero strumento della “grande idea” di Fortunata,di colei che invece incarna il quarto stato, sparendo dalla narrazione nella quarta parte: «Juanito, cumplida su nueva función, desaparecerá prácticamente de la narración. Su papel ha dado de sí, en la Parte Cuarta, todo lo que se podía y cabía esperar. (..) Por lo tanto, Juanito, ha de reasumir su condición de personaje-tipo representante de las leyes de la sociedad burguesa. Tendrá sólo, en lo que queda de la novela, un papel: recordarnos que fue la causa, material y simbólica, de la tragedia de Fortunata. Hay una terrible ironía en todo esto. Porque Juanito, que despertó el erotismo de Fortunata, erotismo que sería el motor de su concienciación, habría de ser también el símbolo de la imposible reconciliación de las leyes de la sociedad con las de la naturaleza».45 Oltre ad essere uno strumento nella mani di Fortunata, Juanito finisce per perdere la stima e l’amore di Jacinta:
Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delfín, y le pusieron en duro compromiso, refiriéndole lo ocurrido, mostrándole la carta redactada por Estupiñá y obligándole (con lastimoso desdoro de su dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento ingenioso. Había faltado gravemente, ofendiendo a su mujer legítima, abandonando después a su cómplice, y haciendo a esta digna de compasión y aun de simpatía, por una serie de hechos de que él era exclusivamente responsable. Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor propio, negó unas cosas, y otras, las más amargas, las endulzó y confitó admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconocía y aceptaba, con propósitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y legítima esposa.
Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despachó a su gusto con su marido, y tan cargada de razón estaba y tan firme y valerosa, que apenas pudo él contestarle, y sus triquiñuelas fueron armas impotentes y risibles contra la verdad que afluía de los labios de la ofendida consorte. Esta le hacía temblar con sus acerados juicios, y ya no era fácil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna, cuya dialéctica solía debilitarse con la fuerza del cariño. Entonces se vio que la continuidad de los sufrimientos había destruido en Jacinta la estimación a su marido, y la ruina de la estimación arrastró consigo parte del amor, hallándose por fin este reducido a tan míseras proporciones, que casi no se le echaba de ver. La situación desairada en que esto le ponía, inflamaba más y más el orgullo de Santa Cruz, y ante el desdén no simulado, sino real y efectivo, que su mujer le mostraba, el pobre hombre padecía horriblemente, porque era para él muy triste, que a la víctima no le doliesen ya los golpes que recibía. No ser nadie en presencia de su mujer, no encontrar allí aquel refugio a que periódicamente estaba acostumbrado, le ponía de malísimo talante. Y era tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo, experimentó por vez primera esa sensación tristísima de las irreparables pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás, quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante. Claramente se lo dijo ella, con expresiva sinceridad en sus ojos, que nunca engañaban. «Haz lo que quieras. Eres libre como el aire. Tus trapisondas no me afectan nada». Esto no era palabrería, y en las pruebas de la vida real, vio el Delfín que aquella vez iba de veras.46

2.2 MAXIMILIANO RUBÍN E FORTUNATA
Il matrimonio fra Maximiliano e Fortunata caratterizza la seconda parte dell’opera ed è maggiormente trattato rispetto a quello dei Santa Cruz: «los dos personajes principales que aparecen primero, el matrimonio Santa Cruz, están menos desarrollados que Maxi y Fortunata. No se trata de un fallo en la caracterización; se corresponde más bien, con el notable grado de desarrollo individual de Maxi y Fortunata comparados con sus contrafiguras convencionales»47.
Esattamente come per Juanito, Galdós dedica un intero capitolo a Maximiliano, raccontando l’origine della sua famiglia, la sua infanzia, adolescenza, i suoi studi, il suo aspetto fisico ed i suoi problemi di salute. Si tratta di un ragazzo fisicamente debole, affetto da continui mal di testa, molto magro, brutto, decisamente poco virile e impotente. La zia Lupe con cui vive ed i suoi fratelli lo considerano un bambino, per questo prendono le decisioni per lui.
Maxi rimane fortemente attratto da Fortunata non appena la vede e, una volta venuto a conoscenza delle difficile condizioni in cui si trova e del suo non essere onorata, fa di tutto per aiutarla, andando contro la volontà di doña Lupe: le compra un appartamento con i suoi risparmi (la scena in cui rompe il salvadanaio come se fosse un bambino ha degli effetti ironici) e la visita tutti i giorni. Il coinvolgimento verso Fortunata risveglia Maxi dal suo torpore fisico e psicologico: è più attento, ha meno dolore alla testa, è più incline agli studi che prima odiava. Tuttavia questo coinvolgimento sembra non essere mosso del tutto da un profondo sentimento amoroso. Come afferma Ribbans, il rendere onorata Fortunata deriva dal desiderio ardente di Maxi di sentirsi uomo, date la sue inibizioni con le donne rispettabili. In questo contesto Fortunata rappresenta colei con la quale Maxi teme meno un approccio.48
Fortunata, dal canto suo, non può sentirsi attratta da Maxi, piccolo e deforme, ma accetta comunque di sposarlo per migliorare le sue condizioni di vita e per sentirsi finalmente una donna rispettabile e onorata, ascquisendo un posto nella società:
Maximiliano le era poco simpático; pero en sus palabras y en sus acciones había visto desde el primer momento la persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona decente despertaba un poco su curiosidad. (..) 49
Fortunata se sentó a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella estaba como aturdida… poco risueña en verdad, esparciendo miradas de un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y contestó a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la cocina, y en ella su pensamiento se balanceó en aquella idea del casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera… «¡Casarme yo!… ¡pa chasco…!, ¡y con este encanijado…! ¡Vivir siempre, siempre con él, todos los días… de día y de noche!… ¡Pero calcula tú, mujer… ser honrada, ser casada, señora de Tal… persona decente…!».50
«¡Casarme yo, y casarme con un hombre de bien, con una persona decente…!». Era lo más que podía desear… ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza, sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y seguramente la haría feliz. Esto pensaba por la mañana, después de lavarse y encender la lumbre, cuando cogía la cesta para ir a la compra. Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle. Lo mismo fue poner el pie en la vía pública que sus ideas variaron. «¡Pero vivir siempre con este chico… tan feo como es! Me da por el hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de Dios; pero no le podré querer aunque viva con él mil años. Esto será ingratitud, pero ¿qué le vamos a hacer?, no lo puedo remediar…». (..) «Porque ¡María Santisma!, si Maximiliano apostaba a feo, no había quien le ganara… ¡Y qué mal huelen las boticas! Debió de haber seguido otra carrera… Dios me favorezca… Si tuviera algún hijo me acompañaría con él; pero…¡quia!…».51

Prima del matrimonio, specularmente alla confessione che fa Juan a sua moglie riguardo le sue avventure amorose passate, anche Fortunata racconta a Maxi della relazione con Juan e del loro figlio successivamente morto:
Lo único que sostenía era que el tal Juanito Santa Cruz era el único hombre a quien había querido de verdad, y que le amaba siempre. ¿Por qué decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad que esta consecuencia era laudable, sentía en su alma punzada de celos, que trastornaba por un instante sus planes de redención.
«¿Y le quieres tanto, que si le vieras en algún peligro le salvarías?».
—Claro que sí, me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le sacaría en bien, aunque me perdiera yo. No sé decir más que lo que me sale de entre mí. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche. Se puso tan guapa al hacer esta declaración, que Rubín la miró mucho antes de decir: «No, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora entrara por esa puerta y te dijera: ‘Fortunata, ven’ ¿irías?». (..) «Eso… según…—dijo ella plegando su entrecejo—. Me iría o no me iría…».52

Dopo un periodo di vita ascetica e religiosa nel convento della Micaelas, imposta da doña Lupe, Fortunata sposa Maximiliano e si prende cura di lui come fosse un bambino. Malgrado la posizione sociale che ora ricopre e le buone condizione economiche non è felice. Nei riguardi del marito prova due sentimenti diversi, l’antipatia e la ripugnanza fisica da un lato, la gratitudine per averla tirata fuori dalla miseria dall’altro:
Media hora después estaban sentados a la mesa en amor y compaña; pero en aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos pensamientos tan extraños, que no sabía lo que le pasaba. Ella misma comparó su alma en aquellos días a una veleta. Tan pronto marcaba para un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte viento, la veleta daba la vuelta grande y ponía la punta donde antes tenía la cola. De estos cambiazos había sentido ella muchos; pero ninguno como el de aquel momento, el momento en que metió la cuchara dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabría ella decir cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla. (..)No sabría ella decir cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla. (..) Esta antipatía de Fortunata no estorbaba en ella la estimación, y con la estimación mezclábase una lástima profunda de aquel desgraciado, caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El aprecio que le tenía, la gratitud, y aquella conmiseración inexplicable, porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado que Rubín habría conocido que el lindísimo entrecejo ocultaba algo.53

Essendo profondamente innamorata di Juan, Fortunata cede nuovamente alle avances di lui: i due tornano ad avere un’altra relazione clandestina, la quale però viene scoperta dai loro rispettivi coniugi. Jacinta cerca di far confessare l’adulterio a Juan che le racconta solo bugie, mentre Maximiliano impazzisce: «Fortunata, una vez renovada su aventura con Juanito, trata a Maxi con una frialdad tan absoluta que no puede por menos de tener un efecto desolador en él. (..) Se ve rápidamente dominado por los celos, tanto por causa de comentarios externos y burlas como por sus propias observaciones. Está a punto de pillarla en relación con la incapacidad de Juanito cuando éste se rompe el brazo montando a caballo, y le suplica, sin éxito, que le diga la verdad. Trata de escapar de la situación queriendo marcharse a Molina de Aragón (..). Al final de la Parte II, cuando recibe información explícita sobre la infedelidad de su mujer y el matrimonio se rompe, se ha preparado el terreno para el desarrollo de su locura. Ya da signos de una reacción típica, un ansia de violencia, al comprar un revólver y enfrentarse a Juanito (..)».54
Il finale dell’opera è tragico in quanto vede la morte di Fortunata, la solitudine di Juan dopo il rifiuto di Jacinta e l’internamento di Maxi in un manicomio. L’unica ad uscire “vittoriosa” è Jacinta a cui Fortunata affida il figlio, frutto della sua “grande idea”. Riguardo a ciò, come afferma Francisco Caudet nell’introduzione all’opera, la grande idea di Fortunata, risultato di un lungo processo di maturazione, ha un rilevante significato non solo dentro il romanzo ma anche fuori, nella stessa storia reale da cui l’autore ha tratto l’opera. Perché è proprio nei primi anni della Restaurazione che il popolo inizia a prendere coscienza di se stesso come parte non più passiva, ma attiva nel processo storico.55
Quanto detto fino ad ora permette di individuare degli elementi comuni alle due coppie, che rientrano perfettamente all’interno del motivo della specularità:
così come Juan confessa a Jacinta la relazione avuta con Fortunata prima del loro matrimonio, quest’ultima racconta a Maxi, suo futuro sposo, di avere avuto un figlio dalla sua storia d’amore con Juanito;
Maxi e Jacinta sono entrambi ingannati dai loro rispettivi coniugi;
mentre Juan ha una relazione con Fortunata, Jacinta ha un amore platonico con Moreno;
Jacinta e Fortunata sono sottomesse rispettivamente alla volontà della signora Barbarita (madre di Juan) e della signora Lupe (zia di Maxi);
l’affronto fra le rivali Jacinta e Fortunata è speculare a quello fra Maxi e Juanito;
ambo i matrimoni sono sterili, senza figli. L’unico figlio è frutto della relazione extra-coniugale di Fortunata e Juan.
in due diverse scene Jacinta e Fortunata devono indovinare il nome dell’amante di Juan (Jacinta deve indovinare il nome di Fortunata e quest’ultima quello di Aurora): «la estructura circular de Fortunata y Jacinta queda patente también en el intento de adivinar la identidad de una amante de Juanito (…) Se justifica que Jacinta y Fortunata coincidan en perseguir la identidad de amantes de Juanito, porque las dos se consideran esposas del Delfín»56;

Il motivo della specularità si inserisce nel tema del doppio, realizzata per mezzo:
delle coppie stesse, Juan e Jacinta, Fortunata e Maxi;
delle coppie fra loro rivali, Fortunata vs Jacinta, Maxi vs Juan;
del doppio-gioco ipocrita di Aurora come confidente di Fortunata e amante di Juan;
dei due figli nati dall’unione di Fortuata con Juan;
dei due diversi punti di vista su Fortunata: un animaletto grazioso, povero e disgraziato per Juan, un angelo per Maxi;
dell’alternanza fra follia e ragione di Maxi;
della contrapposizione fra Monarchia e Repubblica,
del conflitto fra carlisti e progressisti;
del contrasto fra Rivoluzione e Restaurazione;
dell’opposizione fra borghesia e quarto stato, fra ricchi e poveri;
della sterilità di Jacinta contro la fertilità di Fortunata;
dei desideri personali (Fortunata) contro le convenzioni sociali (Fehijoo);
della compenetrazione della storia dei personaggi con quella reale, della storia personale con quella collettiva.
Nell’opera entra tutto un tessuto sociale, storico e politico, esattamente come ne Le rouge et le noir di Stendhal, che va di pari passo con la vita dei personaggi. Si viene dunque a creare una compenetrazione fra la storia collettiva e quella personale: la dialettica Rivoluzione/Restaurazione coincide con le varie tappe della relazione fra Juan e Fortunata: l’incontro fra i due, nel 1869, coincide con l’adozione della Gloriosa di una Costituzione liberale; la nascita del primo Pitusín, nel giugno 1870, corrisponde all’elezione del re Amedeo di Savoia ma, come il bambino, ha vita breve; quando Fortunata entra nel convento delle Micaelas, Alfonso XII sale al trono di Spagna; la nascita del secondo figlio di Fortunata corrisponde alla promulgazione della nuova Costituzione, quella del 1876. Ed è proprio in questa prospettiva storica che i personaggi acquistano una valenza simbolica: Fortunata, simbolo del quarto stato, affida il figlio a Jacinta, rappresentante della borghesia, la classe che ritorna in auge proprio con la Restaurazione.
All’interno dell’opera acquista una certa importanza anche l’intertestualità, ovvero la presenza di altri testi letterari, appartenenti a diversi generi (poesia, teatro, romanzo), citati in varie occasioni dai personaggi fino ad ora presi in esame.
– RIFERIMENTO AL ROMANZO D’APPENDICE:
quando Fortunata si confessa con Nicolás le viene in mente La Dama de las Camelias in cui il padre della protagonista tenta di dissuadere sua figlia dall’amore per un giovane. Lungi da ogni forma di imitazione dei modelli letterari come nella Regenta, Fortunata si sente come parte di quella scena romanzesca57;
il racconto delle precedenti storie d’amore di Fortunata appaiono agli occhi di Nicolás come delle avventure tipiche del romanzo d’appendice58: «la historia amorosa de Fortunata le parece a Nicolás propia del género folletinesco. Pero el retrato moral que Galdós ha trazado de Nicolás explica su limitada capacidad de comprensión».59
l’autore torna ad insistere sulla letteratura d’appendice nella seconda parte dell’opera, quando Juan racconta a Jacinta il suo secondo incontro con Fortunata, descritta come una donna dal destino tragico e vittima di continue disavventure:
La metieron en un convento, la casaron después como por sorpresa. Chica, una historia de intrigas, violencias y atrocidades que horroriza.60

«Galdós insiste aquí otra vez en que el hilo argumental de Fortunata y Jacinta podría reducirse a los términos de un vulgar melodrama folletinesco. Esto se señalaba ya en el momento en que Juanito empezó a narrarle a Jacinta, durante el viaje de novios, su primera aventura amorosa-folklórica con Fortunata. (..) Abundan otros pasajes en los que la historia amorosa de Fortunata es rebajada a condición de simple novelería».61 È nota la scarsa considerazione che lo scrittore aveva nei confronti del feuilleton per basarsi su di un linguaggio ripetitivo ed anacronistico, lontano dalla realtà.
– RIFERIMENTO AL TEATRO:
Fortunata, una volta sposata, tradisce Maxi con Juan, sente di vivere due vite diverse, una reale e una falsa come fanno gli attori di teatro62:
Jacinta, chiedendo spiegazioni a suo marito riguardo un suo probabile tradimento, da del commediante a Juan; 63
Ballester cita davanti a Maxi un passo de La vida es sueño, II atto, scena V64, per riferirisi al desiderio di vendetta di Maxi;
– RIFERIMENTO AL QUIJOTE
nell’incontro fortuito con Jacinta, Fortunata le dice chiaramente “Soy Fortunata” (pag. 208, II parte), frase che evoca il “sé quién soy” di Don Chiosciotte, citato anche nel momento in cui Juan confessa il suo secondo incontro con Fortunata ;65
– RIFERIMENTO ALLA POESIA
Juan e Fortunata declamano due versi di Juan Bautista Arriaza (170-1837) al momento di salutarsi:
ya llegó el instante fiero,
Silvia de la despedida. (vv.1-2)
3. ANALISI COMPARATIVA E CONTRASTIVA
CLASSE SOCIALE RAPPRESENTATA: LA BORGHESIA
Nella Regenta Ana e Quintanar sono entrambi esponenti della borghesia vestustense, sebbene Anna abbia conosciuto un periodo di declassamente per via delle teorie politiche del padre;
In Fortunata y Jacinta Juan e Jacinta appartengono all’alta borghesia, figli di commercianti. Maxi è un piccolo-borghese che vive con la zia usuraia. Diversamente dalla Regenta, in Galdós entra anche il “quarto stato” di cui Fortunata ne è un esponente.

MATRIMONIO COMBINATO
Nella Regenta è l’amico Frigilis ad organizzare le nozze fra Ana e Quintanar con il beneplacito delle zie di Ana e del suo confessore;
In Fortunata y Jacinta è la madre di Juan ad architettare il matrimonio del figlio con la cugina. Al contrario, le nozze fra Maxi e Fortunata sono conseguenza del fatale innamoramento di Maxi. Fortunata, dal canto suo, acconsente unicamente per migliorare le sue condizioni di vita.
TRADIMENTO
Nella Regenta Ana tradisce il marito con Mesía, Quintanar tcon la criada Petra;
in Fortunata y Jacinta Juan tradisce Juanita e Fortunata tradisce Maxi;
IMPOTENZA E STERILITÀ
Nella Regenta la coppia non ha figli;
In Fortunata y Jacinta entrambi le coppie non hanno figli: Juanita e Maxi sono sterili. Gli unici figli sono quelli frutto della relazione extra-coniugale di Juan e Fortunata;
MALATTIA
Nella Regenta Ana ha continue crisi di nevrotiche e depressive;
In Fortunata Y Jacinta Maxi racchiude in sé la malattia fisica e quella mentale (una volta scoperto il tradimento di sua moglie impazzisce);

SPIRITUALITÀ CONVENTUALE
Nella Regenta Ana confessa a Ripamilán di voler vivere in un convento;
in Fortunata Y Jacinta Fortunata viene costretta dalla famiglia di Maxi a ripulirsi spiritualmente all’interno del convento delle Micaelas;

MORTE E FINALE TRAGICO
Morte di Quintanr nel duello cotro Mesía;
Morte di Fortunata alcuni giorni dopo il parto;

LETTERATURA E CITAZIONI INTERTESTUALI
Nella Regenta la letteratura viene presa come imitazione di un modello di vita da parte dei personaggi ed ha un dupice ruolo: dimostrazione di erudizione dell’autore e base per la caratterizzazione del personaggi stessi;
In Fortunata Y Jacinta la letteratura entra attraverso citazioni intertestuali, a carattere puramente ornativo;

MANCANZA DI UN RIGIDO DETERMINISMO
Nella Regenta Quintanar sceglie di sua volontà di non sparare a colui che lo ha offeso nell’onore;
In Fortunata y Jacinta Fortunata sceglie volontariamente di affidare suo figlio alla rivale Jacinta;
RIFERIMENTO AL QUIJOTE E A CERVANTES
Nella Regenta Clarín moltiplica cervantinamente i punti di vista dei personaggi riguardo a Ana. Inoltre vi sono vari riferimenti alle opere di Cervantes attraverso alcune citazioni. Il riferimento al Quijote è visibile in Ana e in Quintanar, entrambi cercano vanamente di sublimare la realtà attraverso la letteratura;66
in Fortunata y Jacinta il riferimento a Cervantes è soprattutto nella tecnica narrativa: Galdós, per dare varietà alla narrazione, spezza drammaticamente la storia, introducendo una nuova sezione, per poi riprenderla successivamente.
STRUTTURA CIRCOLARE DELL’OPERA
Nella Regenta la prima scena si apre a ottobre, così come quella finale si chiude sempre a ottobre;
In Fortunata y Jacinta Fortunata alla fine dell’opera ritorna e muore nella casa in cui l’abbiamo vista per la prima volta.

Per concludere, quanto riportato fino ad ora mette in luce come ambo le opere abbiano degli elementi in comune. Essendo la pubblicazione della Regenta precedente di qualche anno all’opera di Galdós, non è difficile immaginare che quest’ultimo abbia letto l’opera clariniana e ne abbia preso alcuni elementi (il matrimonio combinato, il triangolo amoroso, il finale tragico) per la stesura di Fortunata y Jacinta. Testimonianza di ciò è il prologo che lo stesso Galdós scrive alla Regenta nell’edizione del 1901 in cui leggiamo tutto il suo entusiasmo:
De mí sé decir que pocas obras he leído en que el interés profundo, la verdad de los caracteres y la viveza del lenguaje me hayan hecho olvidar tanto como en ésta las dimensiones, terminando la lectura con el desconsuelo de no tener por delante otra derivación de los mismos sucesos y nueva salida o reencarnación de los propios personajes.67

BIBLIOGRAFIA

Alas, Leopoldo “Clarín”, La Regenta, ed. Juan Oleza, Madrid, Cátedra, 2002, 2 voll.

Galdós, Benito Pérez Fortunata y Jacinta, ed. Francisco Caudet, Madrid, Cátedra, 2008, 2 voll.

Historia y crítica de la literatura española, dir. F. Rico, vol. 5, Romanticismo y Realismo, Barcelona, Crítica, 1982. Capitolo 9 “Clarín”.

“Prólogo de Galdós a La Regenta” (pp. 322-334) in María José Tintoré, «La Regenta» de Clarín y la crítica de su tiempo, Barcelona, Lumen, 1987.

Ribbans Geoffrey, Fortunata y Jacinta (Guía de lectura), in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Castalia, 1988 (pp. 97-235)

Per il confronto Clarín – Cervantes sono stati utilizzati i seguenti siti internet:
http://www.magazine.unior.it/ita/content/clarin-confronto-con-cervantes-e-galdos
http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf03/recapito.pdf

Facoltà di Scienze Umanistiche

Corso di laurea magistrale in Lingue, Letterature e Scienze della Traduzione

Esame di letteratura spagnola

LA REGENTA E FORTUNATA Y JACINTA: MODELLI MATRIMONIALI A CONFRONTO

Prof.: Maria Luisa Cerrón Puga Studente: Valentina Tanzi

matricola 977818

Anno accademico 2010-2011

Pochissimi dei matrimoni già stretti potrebbero durare se tutti i passi fuori strada delle mogli non restassero celati per la cecità o la stupidità dei mariti. Erasmo da Rotterdam, Elogio della follia, 1509

1. LA REGENTA: ANA OZORES E DON VICTOR QUINTANAR1

Il personaggio centrale dell’opera è rappresentato da Ana Ozores, un’aristocratica declassata e orfana, moglie del magistrato di Vetusta, Don Víctor Quintanar. Il narratore ci da delle informazioni riguardanti tale coppia a partire dal capitolo VIII, ancora prima che Ana entri effettivamente “in scena”, attraverso il personaggio di Don Saturnino:

La Regenta, muy principal señora era esposa de Don Víctor Quintanar, Regente en varias Audencias, últimamente en la de Vetusta, donde se jubiló con el pretexto de evitar murmuraciones acerca de ciertas dudosas incompatibilidades (..); a su mujer se la siguió llamando la Regenta.2

Quello di Ana è un matrimonio privo di ogni sentimento reale poiché combinato dall’amico Frigilis con il beneplacito delle zie, a cui si aggiunge anche l’importante parere del suo confessore Ripamilán.

Da notare come le zie spingano la nipote a trovarsi un marito per poterla ripulire dal falso disonore subito da Ana quando è fuggita con Germán, dalle macchie del tradimento e dalla povertà ereditate da suo padre, introducendola così nell’alta società di Vetusta:

Señorita… hija mía; ha llegado un momento que puede ser decisivo en tu existencia. (Era el estilo de La Etelvina.) Tu tía y yo hemos hecho por ti todo género de sacrificios; ni nuestra miseria, a duras penas disimulada delante del mundo, nos ha impedido rodearte de todas las comodidades apetecibles. La caridad es inagotable, pero no lo son nuestros recursos. Nosotras no te hemos recordado jamás lo que nos debes (se lo recordaban al comer y al cenar todos los días), nosotras hemos perdonado tu origen, es decir, el de tu desgraciada madre, todo, todo ha sido aquí olvidado. Pues bien, todo esto lo pagarías tú con la más negra ingratitud, con la ingratitud más criminal, si a la proposición que vamos a hacerte contestaras con una negativa… incalificable.

-Incalificable -repitió doña Águeda-. Pero creo inútil todo este sermón -añadió- porque la niña saltará de alegría en cuanto sepa de lo que se trata. (..)

-Como supongo -prosiguió doña Anuncia- que ya no te acordarás siquiera de aquella locura del monjío (..). En ese caso -interrumpió doña Águeda- como no querrás quedarte sola en el mundo el día que nosotras faltemos…

-Ni tendrás ningún amorcillo oculto, que sería indecente…

-Y como nosotras no podemos más…

-Y como es tu deber aceptar la felicidad que se te ofrece…

-Te morirás de gusto cuando sepas que don Frutos Redondo, el más rico del Espolón, ha pedido hoy mismo tu mano.

Ana, contra el expreso mandato de sus tías, no se murió de gusto. Calló; no se atrevía a dar una negativa categórica.3

Ana inizialmente manifesta la volontà di vivere in un monastero, idea che viene immediatamente respinta dal suo confessore il quale, con un linguaggio altamente persuasivo, riesce a farle credere che la vera felicità risiede nell’amare un uomo e non nel credere nelle avventure romantiche di suore che scappano per buttarsi nella braccia di trovatori o delinquenti. A questo proposito le propone un candidato, un magistrato di Saragozza, Víctor Quintanar:

El confesor de Anita, Ripamilán, oyó la proposición de la joven como quien oye llover. Hija mía, las esposas de Jesús no se hacen de tu maderita. Haz feliz a un cristiano, que bien puedes, y déjate de vocaciones improvisadas. La culpa la tiene el romanticismo con sus dramas escandalosos de monjitas que se escapan en brazos de trovadores con plumero y capitanes de forajidos. Has de saber, Anita mía, que yo tengo para ti un novio, paisano mío. Vuélvete a casa, que allá iré yo y te hablaré del asunto. Aquí sería una profanación.

El candidato de Ripamilán era un magistrado, natural de Zaragoza, joven para oidor y algo maduro, aunque no mucho, para novio. Tenía entonces la señorita doña Ana Ozores diez y nueve años y el señor don Víctor Quintanar pasaba de los cuarenta. Pero estaba muy bien conservado. Ana suplicó a don Cayetano que nada dijese a sus tías de aquella proporción, hasta que ella tratase algún tiempo a Quintanar; porque si doña Anuncia sabía algo, impondría al novio sin más examen.

-«Nada más justo; prefiero que estas cosas las resuelva el corazón; Moratín, mi querido Moratín, nos lo enseña gallardamente en su comedia inmortal: El sí de las niñas».4

Come Ripamilán, anche Don Cayetano afferma l’importanza del matrimonio per una donna onorata, pronunciando una diatriba conto la teatralità e la falsità del mondo romantico dei libri letti da Ana che la spingono verso il misticismo monacale:

Don Cayetano, que sabía ponerse serio, llegado el caso, procuró convencer a su amiguita de que su piedad, si era suficiente para una mujer honrada en el mundo, no bastaba para los sacrificios del claustro.

-«Todo aquello de haber llorado de amor leyendo a San Agustín y a San Juan de la Cruz no valía nada; había sido cosa de la edad crítica que atravesaba entonces. En cuanto a Chateaubriand, no había que hacer caso de él. Todo eso de hacerse monja sin vocación, estaba bien para el teatro; pero en el mundo no había Manriques ni Tenorios, que escalasen conventos, a Dios gracias. La verdadera piedad consistía en hacer feliz a tan cumplido y enamorado caballero como el señor Quintanar, su paisano y amigo».

Ana renunció poco a poco a la idea de ser monja. Su conciencia le gritaba que no era aquél el sacrificio que ella podía hacer. El claustro era probablemente lo mismo que Vetusta; no era con Jesús con quien iba a vivir, sino con hermanas más parecidas de fijo a sus tías que a San Agustín y a Santa Teresa. Algo se supo en el círculo de la nobleza de las «veleidades místicas» de Anita, y las que la habían llamado Jorge Sandio no se mordieron la lengua y criticaron con mayor crueldad el nuevo antojo.5

Il rapporto fra Ana e Víctor è come quello che si instaura fra padre e figlia, privo di qualsiasi relazione sessuale, contatto fisico e effusioni. L’unico contatto che hanno è lo scambio di casti baci sulla fronte. L’assenza di vero amore della coppia è reiterata in tutta l’opera dalla protagonista attraverso le sue riflessioni e le confessioni al Magistral, e percepita anche dagli altri personaggi come Don Fermín, Mesía e Frígilis. Ana ubbidisce in modo remissivo alla necessità del matrimonio e acconsente alle nozze con Quintanar, confidando nella possibilità di imparare ad amarlo:

«No le amaba, no; pero procuraría amarle».6

La sua infelicità per la mancanza di amore nel suo matrimonio è resa evidente quando, passeggiando per le strade di Vetusta, nota dei suoi coetanei amoreggiare e pensa di non aver mai ricevuto amore:

(..) con la imaginación iba juntando por parejas a hombres y mujeres según pasaban, y ya se le antojaba que vivía en una ciudad donde criadas, costureras y señoritas, amaban y eran amadas por molineros, obreros, estudiantes y militares de la reserva.. Sólo ella no tenía amor;7

Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.8

Il rapporto fra ambo i due personaggi è connotato da una relazione di padre e figlia, data dall’età avanzata di Víctor e dall’esigenza di Ana di sublimare le relazioni famigliari che le sono mancate durante l’infanzia. A questo proposito Juan Oleza scrive: «de niña, su padre no supo compensar la falta de su madre y la férrea y deshonesta institutriz no hizo más que subrayar su angustia por esta carencia. De ahí su obsesiva sublimación de parentesco: a su marido lo convertirá de las relaciones de parentesco: a su marido lo convertirá en su padre, e incluso a su madre, a su confesor el “hermano del alma”»:9

Ana se propuso emplear su celo en ganar para Dios el alma de su don Víctor, «que venía también a ser su padre».10

Ana contempló en silencio su marido. «Era su padre! Le quería como a su padre!Hasta se parecía un poco Don Carlos.11

«¡Su Quintanar! Aquél era el verdadero amigo, el padre, la madre, todo» 12

«¡Ay, sí! aquello era el padre, la madre, el hermano, la fortaleza dulce de la caricia conocida, el amparo espiritual del amor casero; no, no estaba sola en el mundo, su Quintanar era suyo». Eterna fidelidad le juró callando, en el beso largo, intenso con que pagó los del marido.13

Altra caratteristica è la totale assenza di rapporti fisici. In questo senso sono fondamentali le considerazioni di Obdulia riguardo alla camera da letto:

¡La cama es un horror! Muy buena para la alcaldesa de Palomares. ¡Una cama de matrimonio! ¡Y qué cama! Una grosería. ¿Y lo demás? Nada. Allí no hay sexo. (..) La alcoba es la mujer como el estilo es el hombre. Dime cómo duermes y te diré quién eres.14

Él se inclinó para besarle la frente, pero ella echándole los brazos al cuello y hacia atrás la cabeza, recibió en los labios el beso. Don Víctor se puso un poco encarnado; sintió hervir la sangre. Pero no se atrevió

Quanto detto fino ad ora viene sugellato anche dalle distanti camere da letto in cui dormono i personaggi:

(riferimento a Don Víctor) su habitación que estaba al otro extremo del caserón de los Ozores. (..) No se recuerda quién, pero él piensa que Anita, se atrevió a manifestar el deseo de una separación en cuanto al tálamo -quo ad thorum-. Fue acogida con mal disimulado júbilo la proposición tímida, y el matrimonio mejor avenido del mundo dividió el lecho. Ella se fue al otro extremo del caserón, que era caliente porque estaba al Mediodía, y él se quedó en su alcoba. Pudo Anita dormir en adelante la mañana, sin que nadie interrumpiera esta delicia; y pudo Quintanar levantarse con la aurora y recrear el oído con los cercanos conciertos matutinos de codornices, tordos, perdices, tórtolas y canarios.15

In questo monologo con se stessa Ana rivela tutta la sua infelicità per la mancanza d’amore, per il desiderio sessuale represso, per il rapporto fraterno che intercorre con colui che invece è suo marito:

«Tenía veintisiete años, la juventud huía; veintisiete años de mujer eran la puerta de la vejez a que ya estaba llamando…y no había gozado una sola vez esas delicias del amor de que hablan todos, que son el asunto de comedias, novelas y hasta de la historia. El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces. Pero ¿qué amor? ¿dónde estaba ese amor? Ella no lo conocía. Y recordaba entre avergonzada y furiosa que su luna de miel había sido una excitación inútil, una alarma de los sentidos, un sarcasmo en el fondo; sí, sí, ¿para qué ocultárselo a sí misma si a voces se lo estaba diciendo el recuerdo? La primer noche, al despertar en su lecho de esposa, sintió junto a sí la respiración de un magistrado; le pareció un despropósito y una desfachatez que ya que estaba allí dentro el señor Quintanar, no estuviera con su levita larga de tricot y su pantalón negro de castor; recordaba que las delicias materiales, irremediables, la avergonzaban, y se reían de ella al mismo tiempo que la aturdían: el gozar sin querer junto a aquel hombre le sonaba como la frase del miércoles de ceniza, ¡quia pulvis es! eres polvo, eres materia…pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia…¡Lo que aquello era y lo que podía haber sido!..(..) Nada de hijos. Don Víctor no era pesado, eso es verdad. Se había cansado pronto de hacer el galán y paulatinamente había pasado al papel de barba que le sentaba mejor. ¡Oh, y lo que es como un padre se había hecho querer, eso sí!; no podía ella acostarse sin un beso de su marido en la frente. Pero llegaba la primavera y ella misma, ella le buscaba los besos en la boca; le remordía la conciencia de no quererle como marido, de no desear sus caricias; y además tenía miedo a los sentidos excitados en vano. De todo aquello resultaba una gran injusticia no sabía de quién, un dolor irremediable que ni siquiera tenía el atractivo de los dolores poéticos; era un dolor vergonzoso, como las enfermedades que ella había visto en Madrid anunciadas en faroles verdes y encarnados. ¿Cómo había de confesar aquello, sobre todo así, como lo pensaba? y otra cosa no era confesarlo».16

Il senso di insoddisfazione e di infelicità sempre maggiore la portano addirittura a considerare suo marito come un idiota, un fastidio, causa delle sue sofferenze e delle sue continue crisi di nervi:

«¡Su don Víctor! ¡Aquel idiota! Sí, idiota; en aquel momento no se volvía atrás. ¡Qué diría Petra para sus adentros! ¿Qué marido era aquel que cazaba con trampa a su esposa?». (..) «Si pensaría Quintanar que una mujer es de hierro y puede resistir, sin caer en la tentación, manías de un marido que inventa máquinas absurdas para magullar los brazos de su esposa. Su marido era botánico, ornitólogo, floricultor, arboricultor, cazador, crítico de comedias, cómico, jurisconsulto; todo menos un marido. (..) Y hacía tres años que ella vivía entre aquel par de sonámbulos, sin más relaciones íntimas. Bastaba, bastaba, no podía más; aquello era la gota de agua que hace desbordar… ¡caer en una trampa que un marido coloca en su despacho como si fuera el monte! ¡no era esto el colmo de lo ridículo!»..17

Como otras veces, Ana fue tan lejos en este vejamen de sí misma, que la exageración la obligó a retroceder y no paró hasta echar la culpa de todos sus males a Vetusta, a sus tías, a D. Víctor, a Frígilis, y concluyó por tenerse aquella lástima tierna y profunda que la hacía tan indulgente a ratos para con los propios defectos y culpas.18

La sofferenza della Regenta è dovuta anche dalla solitudine che sente per via della scarsa presenza di suo marito che trascorre le sue giornate a cacciare, o al Casino o a leggere commedie teatrali:

Don Víctor no paraba en casa. Si no estaba de caza, entraba y salía, pero sin detenerse; apenas se detenía en su despacho. Le había tomado cierto miedo. Varias máquinas de las que estaban inventando o perfeccionando se le habían sublevado, erizándose de inesperadas dificultades de mecánica racional. Allí estaban cubiertos de glorioso polvo sobre la mesa del despacho diabólicos artefactos de acero y madera, esperando en posturas interinas a que don Víctor emprendiese el estudio serio de las matemáticas, de todas las matemáticas, que tenía aplazado por culpa de la compañía dramática de Perales. En tanto Quintanar, un poco avergonzado en presencia de aquellos juguetes irónicos que se le reían en las barbas, esquivaba su despacho siempre que podía; y ni cartas escribía allí. Además; las colecciones botánicas, mineralógicas y entomológicas yacían en un desorden caótico, y la pereza de emprender la tarea penosa de volver a clasificar tantas yerbas y mosquitos también le alejaba de su casa. Iba al Casino a disputar y a jugar al ajedrez; hacía muchas visitas y buscaba modo de no aburrirse metido en casa. «Mejor», pensaba Ana sin querer. Su don Víctor, a quien en principio ella estimaba, respetaba y hasta quería todo lo que era menester, a su juicio, le iba pareciendo más insustancial cada día: y cada vez que se le ponía delante echaba a rodar los proyectos de vida piadosa que Ana poco a poco iba acumulando en su cerebro, dispuesta a ser, en cuanto mejorase el tiempo, una beata en el sentido en que el Magistral lo había solicitado. Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien; sabía ella que su deber era amarle, cuidarle, obedecerle; pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja; vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre. (..) Ese hombre y este pueblo me llenan la vida de prosa miserable (..)…». .19

Don Víctor è un romantico attempato, un idealista ingenuo ed anacronistico in quanto vive della letteratura, delle commedia di cappa e spada, delle tragedie seicentesche. La sua incapacità di comprendere la realtà non gli permettere di capire il dramma di sua moglie così che alla fine si ritroverà protagonista e vittima di un caso di onore proprio come nelle opere calderoniane che ama tanto leggere e declamare: «La literatura, bajo forma de comedias de capa y espada y dramas de la honra, no supone para él tan sólo un medio de escapar de la realidad cotidiana y de realizarse sublimadamente en un mundo ideal, sino que es asimismo la pasión de un actor convencido, de un único papel, el del marido calderoniano, para quien la ficción se proyecta necesariamente sobre la vida, reconduciéndola y orientándola según sus valores»20:

Se encerraba en su despacho o en su alcoba y recitaba grandes relaciones como él decía, de las más famosas comedias, casi siempre con la espada en la mano. Así le había sorprendido su mujer, sin que él lo supiera nunca, la noche de Noche buena. Verdad es que había cenado fuerte el buen señor y se le había ocurrido celebrar a su modo el Nacimiento de Jesús.21

La caratteristica di Quintanar, oltre di essere un anacronistico romantico, è la debolezza del carattere, nonché la mancanza di una forte personalità:

Quintanar había llegado a viejo sin saber «cuál era su destino en la tierra», como él decía, usando el lenguaje del tiempo romántico, del que le quedaban algunos resabios. Era el espíritu del ex-regente, de blanda cera; fácilmente tomaba todas las formas y fácilmente las cambiaba por otras nuevas. Creíase hombre de energía, porque a veces usaba en casa un lenguaje imperativo, de bando municipal; pero no era, en rigor, más que una pasta para que otros hiciesen de él lo que quisieran. Así se explicaba que, siendo valiente, jamás hubiese tenido ocasión de mostrar su valor luchando contra una voluntad contraria. Él sostenía que en su casa no se hacía más que lo que él quería, y no echaba de ver que siempre acababa por querer lo que determinaban los demás. Si Ana Ozores hubiera tenido un carácter dominante, don Víctor se hubiese visto en la triste condición de esclavo: por fortuna, la Regenta dejaba al buen esposo entregado a las veleidades de sus caprichos y se contentaba con negarle toda influencia sobre los propios gustos y aficiones. Aquel programa de diversiones, alegría, actividad bulliciosa, que había publicado a son de trompeta Quintanar, se cumplía sólo en las partes y por el tiempo que a su esposa le parecían bien; si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía; procuraba que la retirada fuese honrosa, fingía transigir y creía a salvo su honor de hombre enérgico y amo de su casa, permitiéndose la audacia de gruñir un poco, entre dientes, cuando ya nadie le oía. Los criados le imponían su voluntad, sin que él lo sospechara. Hasta en el comedor se le había derrotado. Amante, como buen aragonés, de los platos fuertes, del vino espeso, de la clásica abundancia, había ido cediendo poco a poco, sin conocerlo, y comía ya mucho menos, y pasaba por los manjares más fantásticos que suculentos, que agradaban a su mujer. No era que Anita se los impusiese, sino que las cocineras preferían agradar al ama, porque allí veían una voluntad seria, y en el señor sólo encontraban un predicador que les aburría con sermones que no entendían. Hasta en el estilo se notaba que Quintanar carecía de carácter. Hablaba como el periódico o el libro que acababa de leer, y algunos giros, inflexiones de voz y otras cualidades de su oratoria, que parecían señales de una manera original, no eran más que vestigios de aficiones y ocupaciones pasadas. Así hablaba a veces como una sentencia del Tribunal Supremo, usaba en la conversación familiar el tecnicismo jurídico, y esto era lo único que en él quedaba del antiguo magistrado. No poco había contribuido en Quintanar a privarle de originalidad y resolución, el contraste de su oficio y de sus aficiones. Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. Si la sociedad estuviera constituida de modo que fuese una carrera suficiente para ganarse la vida, la de cómico aficionado, Quintanar lo hubiera sido hasta la muerte y hubiera llegado a trabajar, frase suya, tan bien como cualquiera de esos otros primeros galanes que recorren las capitales de provincia, a guisa de buhoneros.(..); y era cazador, botánico, inventor, ebanista, filósofo, todo lo que querían hacer de él su amigo Frígilis y los vientos del azar y del capricho. Frígilis había formado a su querido Víctor, al cabo de tantos años de trato íntimo a su imagen y semejanza, en cuanto era posible.

Alla stessa maniera di Víctor, anche Ana si presenta come una donna debole. Bisognosa di protezione, incapace di reagire alla noia ed alla solitudine, si nasconde dietro i suoi continui attacchi di nervi. Malgrado il marito le proponga una serie di attività contro il tedio e la depressione, Ana finisce per chiudersi sempre più in se stessa, abbandonandosi alla nevrosi.

Le continue lamentele ed i frequenti attacchi di nervi infastidiscono lo stesso Quintanar, portandolo a passare sempre meno tempo con Ana, aumentando il suo egoismo:

Bostezó don Víctor y salió del gabinete después de depositar un casto beso en la frente de su mujer. Entró en su despacho. Estaba de mal humor. «Aquella enfermedad misteriosa de Ana -porque era una enfermedad, estaba seguro- le preocupaba y le molestaba. No estaba él para templar gaitas: los nervios le eran antipáticos; estas penas sin causa conocida no le inspiraban compasión, le irritaban, le parecían mimos de enfermo; él quería mucho a su mujer, pero a los nervios los aborrecía.22

«La idea de una recaída, de un estancamiento siquiera, le parecía subversiva, una maquinación contra su reposo. «Él no era de piedra. No podría resistir…». Ya no tenía compasión de la enferma; ya no había allí más que nervios…y empezó a pensar en sí mismo exclusivamente. Entraba y salía a cada momento en la alcoba de Ana; casi nunca se sentaba, y hasta llegó a fastidiarle el registro de medicinas y demás pormenores íntimos. El médico tuvo que entenderse con Petra. Quintanar inventaba sofismas y hasta mentiras para estar fuera, en su despacho, en el Parque. «¡Qué gran cosa eran el Arte y la Naturaleza! En rigor todo era uno, Dios el autor de todo». Y respiraba don Víctor las auras de abril con placer voluptuoso, tragando aire a dos carrillos. Volvió a componer sus maquinillas, soñó con nuevos inventos, y envidió a Frígilis la aclimatación del Eucaliptus globulus en Vetusta. (..) La Regenta notó la ausencia de su marido; la dejaba sola horas y horas que a él le parecían minutos. Cuando las congojas la anegaban en mares de tristeza, que parecían sin orillas, cuando se sentía como aislada del mundo, abandonada sin remedio, ya no llamaba a Quintanar, aunque era el único ser vivo de quien entonces se acordaba; prefería dejarle tranquilo allá fuera, porque si venía le hacía daño con aquel desdén gárrulo y absurdo de los padecimientos nerviosos.23

La mancanza del vero sentimento amoroso e una moglie in preda a crisi isterico-depressive conducono inevitabilmente don Víctor a lasciarsi andare alle pretese lascive di Petra:

Don Víctor, en el seno de la amistad, seguro de que Mesía había de ser un pozo, le refirió las persecuciones de que había sido víctima, las provocaciones lascivas de Petra; y confesó que al fin, después de resistir mucho tiempo, años, como un José… habíase cegado en un momento… y había jugado el todo por el todo. Pero nada, lo de siempre; bastó que la muchacha opusiera la resistencia que el fingido pudor exigía, para que él, seguro de vencer, enfriara, cejase en su descabellado propósito, contentándose con pequeños favores y con el conocimiento exacto de la hermosura que ya no había de poseer.

Y de una en otra vino a declarar el hallazgo de la liga, aunque sin decir que había sido de su mujer. Le parecía una debilidad indigna de un marido «de mundo» regalarle ligas a su señora. Pidió consejo a Mesía respecto de su conducta futura con Petra.

-¿Debo despedirla?

-¿Tiene usted celos?

-No señor; yo no soy el perro del hortelano… aunque he de confesar que algo me disgustó en el primer momento el descubrir aquella prueba de su liviandad.24.

Don Víctor acercó su silla a la del otro, y tomó el tono de las grandes revelaciones.

-Actualmente -dijo- todo me sonríe. Soy feliz en mi hogar, no entro ni salgo en la vida pública; ya no temo la invasión absorbente de la iglesia, cuya influencia deletérea… pero esa Petra me parece que me quiere dar un disgusto.

Movimiento de sobresalto en Mesía.

-Explíquese usted. ¿Ha vuelto usted a las andadas?

-He vuelto y no he vuelto… Quiero decir… ha habido escarceos… explicaciones… treguas… promesas de respetar…lo que esa grandísima tunanta no quiere que le respeten… en suma: ella está picada porque yo prefiero la tranquilidad de mi hogar, la pureza de mi lecho, de mi tálamo… como si dijéramos, a la satisfacción de efímeros placeres… ¿Me entiende usted? Finge que se alborota por defender su honor que, en resumidas cuentas, aquí nadie se atreve a amenazar seriamente, y lo que en rigor la irrita, es mi frialdad..(..)

-Mire usted, Álvaro, por nada de este mundo daría yo un disgusto a mi Anita, que es ahora modelo de esposas; siempre fue buena, pero antes tenía sus caprichos, ya recuerda usted…Ahora la pobrecita coincide con mis gustos en todo. Por aquí, digo, y por aquí se va. Hasta le ha pasado aquella exaltación un poco selvática, aquel amor excesivo a los placeres bucólicos, aquella exclusiva preocupación de la salud al aire libre, del ejercicio, de la higiene en suma… Todos los extremos son malos, y Benítez me tenía dicho que la verdadera curación de Ana vendría cuando se la viese menos atenta a la salud de su cuerpo, sin volver, ni por pienso, al cuidado excesivo y loco de su alma. ¡Aquello era lo peor!

-Pero… no me dice usted…

-Allá voy; Ana vive ahora en un equilibrio que es garantía de la salud por la que tanto tiempo hemos suspirado; ya no hay nervios, quiero decir, ya no nos da aquellos sustos; no tiene jamás veleidades de santa, ni me llena la casa de sotanas… en fin, es otra, y la paz que ahora disfruto no quiero perderla a ningún precio. Ahora bien… Petra…puede y creo que quiere comprometernos.

-Pero vamos a ver, ¿qué hace Petra?

-Comprometer la paz de esta casa; temo que quiere dominarnos prevaliéndose de mi situación falsa, falsísima… lo confieso. ¿No comprende usted que para Ana tendría que ser un golpe terrible cualquier revelación de esa… ramerilla hipócrita? (..) ¿Qué sucede? Mucho. Petra sabe que yo quiero evitar a toda costa un disgusto a mi mujer, porque temo que cualquier crisis nerviosa lo echase todo a rodar y volviéramos a las andadas. Un desengaño, mi escasa fidelidad descubierta, de fijo la volvería a sus antiguas cavilaciones, a su desprecio del mundo, buscaría consuelo en la religión y ahí teníamos al señor Magistral otra vez… ¡Antes que eso, cualquiera cosa! Es preciso evitar a toda costa que Ana sepa que yo, en momento de ceguera intelectual y sensual fuí capaz de solicitar los favores de esa scortum, como las llama don Saturnino.25

Quanto riportato fino ad ora mette in luce un matrimonio obbligato, infelice, fatto di pochi dialoghi. In questo contesto, a giusto titolo, Ana potrebbe rientrare nel genere letterario della “malmaritata”. Ed è proprio la letteratura a fungere da «mecanismo de caracterización de los personajes, sobre los cuales se nos detalla casi siempre aquello que han leído y que han influido en sus vidas. Como ha señalado F. Durand, la literatura sirve en primer lugar como vía de escape de la prosaica vida vetustense hacia vidas soñadamente más interesantes. De hecho, la ficción es el único medio, para muchos vetustenses, de realizar sus aspiraciones más secretas a la aventura. Pero los vetustenses no se conforman con escapar de la realidad a través de la ficción, sino que pretenden prolongar ésta en su retorno a la realidad, por medio de la imitación de los personajes literarios, produciendo un inextricable interpenetración de vida y literatura. Entre los múltiples casos el más espectacular, sin duda, el de don Víctor Quintanar, que vive al tiempo que lee los dramas de la honra de la época barroca, especialmente de Calderón. Sin embargo, en su caso, la ficción y la realidad llegarán a coincidir, y la situación que él tantas veces había soñado vivir se le presenta de golpe.»26

Esattamente come Víctor Quintanar, anche Ana imita dei personaggi letterari: Santa Teresa, presa come modello esemplare di misticismo e Madame Bovary, seppur solo di riflesso27. «Las imitaciones de personajes literarios, cuando son voluntarias, implican siempre una degradación de éstos, y en muchos casos la ridiculez de la situación resultante nace del contraste entre aquellos a quienes se aspira a representar y lo que realmente se representa.»28 E questa compenetrazione fra letteratura e vita, fra sogno e realtà crea anche un effetto parodico attraverso cui Clarín critica i suoi personaggi. Nel caso di Ana e Víctor l’autore mette in luce il carattere vuoto e banale della loro vita, il tentativo fallito di sublimazione dalla realtà attraverso la letteratura, l’ “impotenza” spirituale (Ana ha continue crisi isteriche e non reagisce alla noia, Víctor non riesce a rendere felice sua moglie). Ed è proprio la parodia a generare «un discurso doblememte literario que juega con la literatura dentro de la literatura, tanto en la medidia en que espesa el lenguaje con las referencias propias de la erudición literaria de su autor como en la de que hace de la literatura un elemento básico de la caracterización de sus personajes y de la elaboración de sus situaciones». 29

Questo duplice discorso linguistico rientra all’interno di un’estetica del doppio riscontrabile:

  • nella specularità dei due personaggi

    *assenza del sentimento amoroso: nozze obbligate;

    * tradimento (Ana con Mesía e Víctor con Petra);

*sublimazione della realtà attraverso l’imitazione di personaggi letterari (il teatro per Quintanar e Santa Teresa per Ana);

*confessione (Ana si confessa con il Magistral, Quintanar con Mesía);

*inettitudine (Ana si lascia andare alla noia e alla passività, Quintanar non riesce a capire il dramma di Ana);

*teatralità e spettacolarità (scena relativa alla processione di Ana e scena in cui Víctor viene sorpreso dalla moglie che declama versi alzando il braccio e la spada);

  • nelle coppie:

    * Ana-Mesía, Víctor-Petra per via del tradimento;

    *De Pas-Mesía contro Quintanar per la conquista di Ana;

  • nel gioco delle opposizioni:

    * Vetusta-Ana;

    * Vetusta-Magistral;

    * Quintanar versus Mesía;

    * Quintanar versus De Pas;

    * De Pas versus Mesía;

    * realtà versus letteratura;

    * erotismo versus misticismo;

    * idealismo versus naturalismo;

    * trascendenza versus sensualità;

    * onore versus disonore;

    * amore versus tradimento;

    * isteria versus tranquillità;

    * romanticismo versus realismo;

    * storia passata versus storia presente;

    * onniscenza versus commenti del narratore;

    * stile indiretto libero versus stile diretto;

    * socialismo versus carlismo;

    * materia versus spirito;

    * elegia versus satira, laddove per satira si intende l’espressione critica del male, l’errore o la deformità, e per elegia l’espressione sentimentale della carenza di bene, verità e bellezza.30

    * devozione religiosa e impulso erotico;

  • nel duplice discorso letterario come:

    * manifestazione di erudizione dell’autore;

    * base per la caratterizzazione dei personaggi;

  • nell’uso di due diversi tipi di ironia:

    * ironia “situazionale” o “drammatica” che consiste nel dare diversi punti di vista di uno stesso personaggio che contrastano pi con la visione caricaturale che ne da il narratore;

    * ironia “linguistica” che si basa sull’utilizzo dell’iperbole, antifrasi, dell’umanizzazione dell’animale e dell’animalizzazione dell’umano;

Se da un lato Ana e Víctor presentano degli aspetti speculari, dall’altro si differenziano per quanto concerne il libero arbitrio. Mentre Ana mostra sin da piccola un carattere assolutamente remissivo (esemplare è l’impossibilità di contraddire le zie), il marito, seppur dipinto come un incapace e un vecchio romantico, finisce per scegliere di testa propria. Come scrive Juan Oleza, «el caso más evidente del libre albedrío es el del proprio Quintanar, uno s de los personajes menos propicio, por su maleabilidad, a ejecerlo. En efecto, en lugar de ser manejeado por la intriga de De pas y de Petra, que habría conducido al final de Don Álvaro y al castigo de Ana, se resiste y elebora su propria solución (perdón de Ana y desafío de Álvaro) a partir de los influjos antagónicos de Frígilis y De Pas. De nuevo falla la lógica de los hechos cuando Don Víctor, consumado cazador y experto en armas, además de marido ultrajado con ideologíaía calderoniana del honor, decide no matar a Don Álvaro por libre elección y contra su habilidad y sus ideas, mientras que Don Álvaro, cobarde y poco amigo de las armas, se siente impulsado a matar a Don Víctor»31.

  1. FORTUNATA Y JACINTA32

Sólo en la edad pueril, cuando a la sociedad se le cae la baba y vive bajo la férula del dómine, se comprende que exista y tenga prosélitos la institución llamada matrimonio, unión perpetua de los sexos, contraviniendo la ley de Naturaleza… ¿y a santo de qué?, vamos a ver… Eso sí, por encima de todo la Naturaleza. (Parte III, capitolo I, paragrafo VI, pag. 42)

Come scrive María Zambrano Galdós è “el primer escritor español que introduce a todo riesgo las mujeres en su mundo. Las mujeres múltiples y diversas, reales y distintas, ontológicamente iguales al varón. Y esta es la novedad. Existen como el hombre, tienen el mismo género de realidad, es lo decisivo y lo que se da a ver”.33 Infatti protagoniste indiscusse di quest’opera sono esattamente due donne di diversa estrazione sociale: Jacinta, aristocratica e moglie ufficile di Juan, e Fortunata, orfana povera sedotta e poi abbandonata numerose volte da Juan.

2.1 JUANITO SANTA CRUZ E JACINTA

Del matrimonio di Juanito e Jacinta abbiamo sufficiente informazioni a partire dal IV capitolo, in cui il narratore ci rivela come esso sia stato preventivamente organizzato da doña Barbarita, madre di Juan, preoccupata per la continua assenza del figlio:

Barbarita (..) se decía por el camino: «Ahora le voy a poner a mi pollo una calza para que no se me escape más».(..) La mamá se la tenía guardada. Esperaba ocasión propicia, y en cuanto esta llegó supo acometer la empresa aquella de la calza, como persona lista y conocedora de las mañas del ave que era preciso aprisionar. Dios la ayudaba sin duda, porque el pollo no parecía muy dispuesto a la resistencia. «Pues sí -dijo ella. (..) Es preciso que te cases. Ya te tengo la mujer buscada. Eres un chiquillo, y a ti hay que dártelo todo hecho. ¡Qué será de ti el día en que yo te falte! Por eso quiero dejarte en buenas manos…No te rías, no; es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera. ¿A ti te cabe en la cabeza que pueda yo proponerte nada que no te convenga?…No. Pues a callar, y pon tu porvenir en mis manos. No sé qué instinto tenemos las madres, algunas quiero decir. En ciertos casos no nos equivocamos; somos infalibles como el Papa». La esposa que Barbarita proponía a su hijo era Jacinta, su prima, la tercera de las hijas de Gumersindo Arnaiz. 34

Alla volontà della madre Juan non sembra ribellarsi, ma, al contrario, finisce per assecondarla passivamente, mostrando una personalità remissiva e decisamente poco spiccata:

Juan no dijo que sí ni que no. Limitose a responder por fórmula que lo pensaría; pero una voz de su alma le declaraba que aquella gran mujer y madre tenía tratos con el Espíritu Santo, y que su proyecto era un verdadero caso de infalibilidad. (..) Ya dije que el Delfín prometió pensarlo; mas esto significaba sin duda la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en los casos graves; en otros términos, su amor propio, que le gobernaba más que la conciencia, le exigía, ya que no una elección libre, el simulacro de ella. Por eso Juanito no sólo lo decía, sino que parecía como que pensaba, yéndose a pasear solo por aquellos peñascales, y se engañaba a sí mismo diciéndose: «¡qué pensativo estoy!». Porque estas cosas son muy serias, ¡vaya!, y hay que revolverlas mucho en el magín. Lo que hacía el muy farsante era saborear de antemano lo que se le aproximaba y ver de qué manera decía a su madre con el aire más grave y filosófico del mundo: «Mamá, he meditado profundísimamente sobre este problema, pesando con escrúpulo las ventajas y los inconvenientes, y la verdad, aunque el caso tiene sus más y sus menos, aquí me tiene usted dispuesto a complacerla».

Todo esto era comedia, y querer echárselas de hombre reflexivo. Su madre había recobrado sobre él aquel ascendiente omnímodo que tuvo antes de las trapisondas que apuntadas quedan, y como el hijo pródigo a quien los reveses hacen ver cuánto le daña el obrar y pensar por cuenta propia, descansaba de sus funestas aventuras pensando y obrando con la cabeza y la voluntad de su madre.35

Il suo accondiscendere alla volontà della signora Barbarita non implica un reale amore per la futura sposa Jacinta, per la quale Juanito nutre un profondo affetto ben lontano dal profondo sentimento amoroso. Il narratore ci informa che Juanito considera Jacinta come una cugina che una vera amante:

Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima. Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él) habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él. Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan para que se ahogaran.. ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas, hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer… «Envidiosa». «Acusón» Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. (..) El paso de esta situación fraternal a la de amantes no le parecía al joven Santa Cruz cosa fácil. Él, que tan atrevido era lejos del hogar paterno, sentíase acobardado delante de aquella flor criada en su propia casa, y tenía por imposible que las cunitas de ambos, reunidas, se convirtieran en tálamo.

Mas para todo hay remedio menos para la muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis, que las dificultades se desleían como la sal en el agua; que lo que a él le parecía montaña era como la palma de la mano, y que el tránsito de la fraternidad al enamoramiento se hacía como una seda. 36

Le nozze fra Juan e Jacinta avvengono nel maggio 1871. Il giorno seguente i due partono per la luna di miele, momento che si rivela essere particolarmente felice per la coppia. Oltre a rappresentare un momento di serenità e complicità, il viaggio di nozze è anche rivelatore dei precedenti amorosi di Juan. Jacinta, spinta dalla curiosità di conoscere i trascorsi sentimentali del marito, riesce a farsi confessare la storia d’amore fra suo marito e una certa Fortunata, di cui il narratore ci ha già informato della sua esistenza nel III capitolo. In un momento di ebbrezza, Juan racconta a Jacinta di aver sedotto tale Fortunata, un’orfana incontrata sotto casa di Estupiña, mangiando un uovo crudo:

Como te iba diciendo, conocí a una mujer…Cosas de muchachos. Pero déjame que empiece por el principio. Érase una vez… un caballero anciano muy parecido a una cotorra y llamado Estupiñá, el cual cayó enfermo y…cosa natural, sus amigos fueron a verle…y uno de estos amigos, al subir la escalera de piedra, encontró una muchacha que se estaba comiendo un huevo crudo… ¿Qué tal?…—Un huevo crudo… ¡qué asco!—exclamó Jacinta escupiendo una salivita—. ¿Qué se puede esperar de quien se enamora de una mujer que come huevos crudos?…

Hablando aquí con imparcialidad, te diré que era guapa. ¿Te enfadas? (..) No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos, suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de peligro. (..)

¿Y cuál era más guapa?

¡La mía!—replicó prontamente el Delfín, dejando entrever la fuerza de su amor propio—, la mía… un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la culpa… Estas cosas hay que verlas de cerca… Sí, hija mía, hay que poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano…sí, pero a veces sus latidos no son latidos, sino patadas…¡Aquella infeliz chica…!Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón..¡pobre nena!37

Da notare come Juanito compatisca Fortunata, descrivendola come una povera disgraziata, un animaletto grazioso ma incolto, un’orfanella vittima del suo infelice destino e della sua povertà in quanto appartenente al quarto stato. All’interno di questo quadro risulta interessante il discorso classista dello stesso Juan, secondo cui esistono due realtà lontane fra loro, quella dei ricchi e quelli dei poveri:

Santa Cruz, en su perspicacia, trataba de librar a su esposa de la molestia de complacer a quien sin duda no lo merecía. Para esto ponía en funciones toda la maquinaria más brillante que sólida de su raciocinio, aprendido en el comercio de las liviandades humanas y en someras lecturas. «Hija de mi alma, hay que ponerse en la realidad. Hay dos mundos, el que se ve y el que no se ve. La sociedad no se gobierna con las ideas puras. Buenos andaríamos…No soy tan culpable como parece a primera vista; fíjate bien. Las diferencias de educación y de clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las relaciones humanas. Esto no lo dice el Decálogo; lo dice la realidad. La conducta social tiene sus leyes que en ninguna parte están escritas; pero que se sienten y no se pueden conculcar. Faltas cometí, ¿quién lo duda?, pero imagínate que hubiera seguido entre aquella gente, que hubiera cumplido mis compromisos con la Pitusa…No te quiero decir más. Veo que te ríes. Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una locura recorrer lo que, visto de allá, parecía el camino derecho. Visto de acá, ya es otro distinto. En cosas de moral, lo recto y lo torcido son según de donde se mire. No había, pues, más remedio que hacer lo que hice, y salvarme… Caiga el que caiga. El mundo es así. Debía yo salvarme, ¿sí o no? Pues debiendo salvarme, no había más remedio que lanzarme fuera del barco que se sumergía. En los naufragios siempre hay alguien que se ahoga…Y en el caso concreto del abandono, hay también mucho que hablar. Ciertas palabras no significan nada por sí. Hay que ver los hechos…Yo la busqué para socorrerla; ella no quiso parecer. Cada cual tiene su destino. El de ella era ese: no parecer cuando yo la buscaba».38

Malgrado Juanito dichiari più volte a Jacinta di provare unicamente compassione e pietà per Fortunata, una volta saputo del suo rientro a Madrid, tenta di risedurla. Inizia così una nuova relazione clandestina interrotta e ripresa per ben 3 volte dallo stesso Juanito il quale, diviene artefice di un doppio tradimento: sociale verso la moglie, morale verso Fortunata, sedotta, ingravidata e abbandonata.

Se in un primo momento il matrimonio fra Jacinta e Juan vive un periodo di serenità, pace, armonia e benessere economico, in seguito comincia a oscurarsi. Jacinta si lascia prendere sempre più dall’ossessione di voler un figlio:

(..) Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no satisfacían el alma de Jacinta; y al año de casada, más aún a los dos años, deseaba ardientemente lo que no tenía. ¡Pobre joven! Lo tenía todo, menos chiquillos. Esta pena, que al principio fue desazón insignificante, impaciencia tan sólo convirtiose pronto en dolorosa idea de vacío. Era poco cristiano, al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesión. Dios, que les diera tantos bienes, habíales privado de aquel. No había más remedio que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su omnipotencia dando que quitando. De este modo consolaba a su nuera, que más le parecía hija; pero allá en sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparición de un muchacho que perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atendía con ansia a todo lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión. ¡Pero quia! Pasaba un año, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen palpitar el corazón de las que sueñan con la maternidad, y a veces les hacen decir y hacer muchas tonterías.39

La mancanza di un figlio diviene un pensiero ossessivo per Jacinta «(..) La frustración creciente de Jacinta por no tener hijos merece una mayor comprensión que la que manifiesta el círculo familiar complacido y cerrado que la rodea. Le hace sentir una amarga envidia de las mujeres pobres que tienen hijos de una forma análoga al descontento de Fortunata con su matrimonio. Le hace rebelarse contra su sino, incluso contra Dios, por negarle a ella los hijos mientras que a su madre y a sus hermanas se los ha dado con tan exceso»:40

Il desiderio di Jacinta di sperimentare la maternità è legato a quello di trovare un’identità chiara all’interno del contratto matrimoniale: nel XIX secolo il matrimonio è un vincolo sociale nella quale la donna acquista una sua posizione solo attraverso la maternità. Per questo la sterilità di Jacinta viene vista dalla stessa come una mancanza ai patti previsti dal contratto. Ed è tutto ciò che la porta alla folle compravendita di un bambino che erroneamente crede sia figlio di suo marito.

Le passioni amorose di Juan non si fermano alla sola Fortunata. Nella terza parte dell’opera, infatti, Maxi, marito di Fortunata di cui si parlerà in seguito, confida a sua moglie di aver visto Juanito intrattenere effusioni con l’amica Aurora. Le diverse relazioni extraconiugali del Delfino permettono di paragonarlo a Don Giovanni, dal quale però differisce per non essere totalmente sciolto da ogni legame. Nonostante dia delle dimostrazioni d’affetto sia a Jacinta, sia a Fortunata, Juanito non prova un amore reale per nessuna delle due: Jacinta viene considerata come una sorella, un’amica, Fortunata invece è una donna graziosa ma incolta, povera e di bassa estrazione sociale. In questo modo la figura di Juan si contraddistingue per vanità, egoismo, infedeltà, ozio, infantilismo, ipocrisia:

Lo más gracioso era que él se las echaba de hombre ocupado. ¡Valiente truhán! ¡Si no tenía absolutamente nada que hacer más que pasear y divertirse…! Su padre había trabajado toda la vida como un negro para asegurar la holgazanería dichosa del príncipe de la casa… En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su actitud de humildad y discreción. Creía firmemente que Juan no daría nunca escándalos, y no habiendo escándalo, las cosas irían pasando así. No hay existencia sin gusanillo, un parásito interior que la roe y a sus expensas vive, y ella tenía dos: los apartamientos de su marido y el desconsuelo de no ser madre. Llevaría ambas penas con paciencia, con tal que no saltara algo más fuerte. (…) En honor de la verdad, se ha de decir que Santa Cruz amaba a su mujer. Ni aun en los días que más viva estaba la marea de la infidelidad, dejó de haber para Jacinta un hueco de preferencia en aquel corazón que tenía tantos rincones y callejuelas. Ni la variedad de aficiones y caprichos excluía un sentimiento inamovible hacia su compañera por la ley y la religión. Conociendo perfectamente su valer moral, admiraba en ella las virtudes que él no tenía y que según su criterio, tampoco le hacían mucha falta. Por esta última razón no incurría en la humildad de confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o pudiera disfrutar en este bajo mundo. Vicioso y discreto, sibarita y hombre de talento, aspirando a la erudición de todos los goces y con bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no podía contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el donaire, la extravagancia; quería gustar también la virtud, no precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza misma tenía para él su picante.41

La vanità si unisce alla continua voglia di cercare il diverso. Come afferma Ribbans:«en sus regresos periódicos con su esposa no entra ningún sentido de la fidelidad o del deber ni los remordimientos: al cabo de un tiempo ella simplemente representa otra novedad: así lo muy antiguo y lo conocido se convierte en nuevo, con un anhelo por lo prohibido, la mujer de otro hombre, en torno a ello»:42

Tenía Santa Cruz en altísimo grado las triquiñuelas del artista de la vida, que sabe disponer las cosas del mejor modo posible para sistematizar y refinar sus dichas. Sacaba partido de todo, distribuyendo los goces y ajustándolos a esas misteriosas mareas del humano apetito que, cuando se acentúan, significan una organización viciosa. En el fondo de la naturaleza humana hay también, como en la superficie social, una sucesión de modas, periodos en que es de rigor cambiar de apetitos. Juan tenía temporadas. En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba como si fuera la mujer de otro. Así lo muy antiguo y conocido se convierte en nuevo. Un texto desdeñado de puro sabido vuelve a interesar cuando la memoria principia a perderle y la curiosidad se estimula. Ayudaba a esto el tiernísimo amor que Jacinta le tenía, pues allí sí que no había farsa, ni vil interés ni estudio. Era, pues, para el Delfín una dicha verdadera y casi nueva volver a su puerto después de mil borrascas. Parecía que se restauraba con un cariño tan puro, tan leal y tan suyo, pues nadie en el mundo podía disputárselo.43

Alla fine del libro I, «Juanito pasa por su único período de emoción fuerte en su frenética búsqueda de Fortunata que acaba en pulmonía. En el fondo de esta pasión, poco característica al parecer, está su insaciable búsqueda de novedades, la nueva y elegante Fortunata descrita por Villalonga (..)».44

In quanto personaggio negativo, prototipo della borghesia parassitaria e decadente contemporanea all’autore, finisce per essere un mero strumento della “grande idea” di Fortunata,di colei che invece incarna il quarto stato, sparendo dalla narrazione nella quarta parte: «Juanito, cumplida su nueva función, desaparecerá prácticamente de la narración. Su papel ha dado de sí, en la Parte Cuarta, todo lo que se podía y cabía esperar. (..) Por lo tanto, Juanito, ha de reasumir su condición de personaje-tipo representante de las leyes de la sociedad burguesa. Tendrá sólo, en lo que queda de la novela, un papel: recordarnos que fue la causa, material y simbólica, de la tragedia de Fortunata. Hay una terrible ironía en todo esto. Porque Juanito, que despertó el erotismo de Fortunata, erotismo que sería el motor de su concienciación, habría de ser también el símbolo de la imposible reconciliación de las leyes de la sociedad con las de la naturaleza».45Oltre ad essere uno strumento nella mani di Fortunata, Juanito finisce per perdere la stima e l’amore di Jacinta:

Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delfín, y le pusieron en duro compromiso, refiriéndole lo ocurrido, mostrándole la carta redactada por Estupiñá y obligándole (con lastimoso desdoro de su dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento ingenioso. Había faltado gravemente, ofendiendo a su mujer legítima, abandonando después a su cómplice, y haciendo a esta digna de compasión y aun de simpatía, por una serie de hechos de que él era exclusivamente responsable. Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor propio, negó unas cosas, y otras, las más amargas, las endulzó y confitó admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconocía y aceptaba, con propósitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y legítima esposa.

Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despachó a su gusto con su marido, y tan cargada de razón estaba y tan firme y valerosa, que apenas pudo él contestarle, y sus triquiñuelas fueron armas impotentes y risibles contra la verdad que afluía de los labios de la ofendida consorte. Esta le hacía temblar con sus acerados juicios, y ya no era fácil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna, cuya dialéctica solía debilitarse con la fuerza del cariño. Entonces se vio que la continuidad de los sufrimientos había destruido en Jacinta la estimación a su marido, y la ruina de la estimación arrastró consigo parte del amor, hallándose por fin este reducido a tan míseras proporciones, que casi no se le echaba de ver. La situación desairada en que esto le ponía, inflamaba más y más el orgullo de Santa Cruz, y ante el desdén no simulado, sino real y efectivo, que su mujer le mostraba, el pobre hombre padecía horriblemente, porque era para él muy triste, que a la víctima no le doliesen ya los golpes que recibía. No ser nadie en presencia de su mujer, no encontrar allí aquel refugio a que periódicamente estaba acostumbrado, le ponía de malísimo talante. Y era tal su confianza en la seguridad de aquel refugio, que al perderlo, experimentó por vez primera esa sensación tristísima de las irreparables pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás, quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante. Claramente se lo dijo ella, con expresiva sinceridad en sus ojos, que nunca engañaban. «Haz lo que quieras. Eres libre como el aire. Tus trapisondas no me afectan nada». Esto no era palabrería, y en las pruebas de la vida real, vio el Delfín que aquella vez iba de veras.46

2.2 MAXIMILIANO RUBÍN E FORTUNATA

Il matrimonio fra Maximiliano e Fortunata caratterizza la seconda parte dell’opera ed è maggiormente trattato rispetto a quello dei Santa Cruz: «los dos personajes principales que aparecen primero, el matrimonio Santa Cruz, están menos desarrollados que Maxi y Fortunata. No se trata de un fallo en la caracterización; se corresponde más bien, con el notable grado de desarrollo individual de Maxi y Fortunata comparados con sus contrafiguras convencionales»47.

Esattamente come per Juanito, Galdós dedica un intero capitolo a Maximiliano, raccontando l’origine della sua famiglia, la sua infanzia, adolescenza, i suoi studi, il suo aspetto fisico ed i suoi problemi di salute. Si tratta di un ragazzo fisicamente debole, affetto da continui mal di testa, molto magro, brutto, decisamente poco virile e impotente. La zia Lupe con cui vive ed i suoi fratelli lo considerano un bambino, per questo prendono le decisioni per lui.

Maxi rimane fortemente attratto da Fortunata non appena la vede e, una volta venuto a conoscenza delle difficile condizioni in cui si trova e del suo non essere onorata, fa di tutto per aiutarla, andando contro la volontà di doña Lupe: le compra un appartamento con i suoi risparmi (la scena in cui rompe il salvadanaio come se fosse un bambino ha degli effetti ironici) e la visita tutti i giorni. Il coinvolgimento verso Fortunata risveglia Maxi dal suo torpore fisico e psicologico: è più attento, ha meno dolore alla testa, è più incline agli studi che prima odiava. Tuttavia questo coinvolgimento sembra non essere mosso del tutto da un profondo sentimento amoroso. Come afferma Ribbans, il rendere onorata Fortunata deriva dal desiderio ardente di Maxi di sentirsi uomo, date la sue inibizioni con le donne rispettabili. In questo contesto Fortunata rappresenta colei con la quale Maxi teme meno un approccio.48

Fortunata, dal canto suo, non può sentirsi attratta da Maxi, piccolo e deforme, ma accetta comunque di sposarlo per migliorare le sue condizioni di vita e per sentirsi finalmente una donna rispettabile e onorata, ascquisendo un posto nella società:

Maximiliano le era poco simpático; pero en sus palabras y en sus acciones había visto desde el primer momento la persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona decente despertaba un poco su curiosidad. (..) 49

Fortunata se sentó a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella estaba como aturdida… poco risueña en verdad, esparciendo miradas de un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y contestó a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la cocina, y en ella su pensamiento se balanceó en aquella idea del casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera… «¡Casarme yo!… ¡pa chasco…!, ¡y con este encanijado…! ¡Vivir siempre, siempre con él, todos los días… de día y de noche!… ¡Pero calcula tú, mujer… ser honrada, ser casada, señora de Tal… persona decente…!».50

«¡Casarme yo, y casarme con un hombre de bien, con una persona decente…!». Era lo más que podía desear… ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza, sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y seguramente la haría feliz. Esto pensaba por la mañana, después de lavarse y encender la lumbre, cuando cogía la cesta para ir a la compra. Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle. Lo mismo fue poner el pie en la vía pública que sus ideas variaron. «¡Pero vivir siempre con este chico… tan feo como es! Me da por el hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de Dios; pero no le podré querer aunque viva con él mil años. Esto será ingratitud, pero ¿qué le vamos a hacer?, no lo puedo remediar…». (..) «Porque ¡María Santisma!, si Maximiliano apostaba a feo, no había quien le ganara… ¡Y qué mal huelen las boticas! Debió de haber seguido otra carrera… Dios me favorezca… Si tuviera algún hijo me acompañaría con él; pero…¡quia!…».51

Prima del matrimonio, specularmente alla confessione che fa Juan a sua moglie riguardo le sue avventure amorose passate, anche Fortunata racconta a Maxi della relazione con Juan e del loro figlio successivamente morto:

Lo único que sostenía era que el tal Juanito Santa Cruz era el único hombre a quien había querido de verdad, y que le amaba siempre. ¿Por qué decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad que esta consecuencia era laudable, sentía en su alma punzada de celos, que trastornaba por un instante sus planes de redención.

«¿Y le quieres tanto, que si le vieras en algún peligro le salvarías?».

Claro que sí, me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le sacaría en bien, aunque me perdiera yo. No sé decir más que lo que me sale de entre mí. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche. Se puso tan guapa al hacer esta declaración, que Rubín la miró mucho antes de decir: «No, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora entrara por esa puerta y te dijera: ‘Fortunata, ven’ ¿irías?». (..) «Eso… según…—dijo ella plegando su entrecejo—. Me iría o no me iría…».52

Dopo un periodo di vita ascetica e religiosa nel convento della Micaelas, imposta da doña Lupe, Fortunata sposa Maximiliano e si prende cura di lui come fosse un bambino. Malgrado la posizione sociale che ora ricopre e le buone condizione economiche non è felice. Nei riguardi del marito prova due sentimenti diversi, l’antipatia e la ripugnanza fisica da un lato, la gratitudine per averla tirata fuori dalla miseria dall’altro:

Media hora después estaban sentados a la mesa en amor y compaña; pero en aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos pensamientos tan extraños, que no sabía lo que le pasaba. Ella misma comparó su alma en aquellos días a una veleta. Tan pronto marcaba para un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte viento, la veleta daba la vuelta grande y ponía la punta donde antes tenía la cola. De estos cambiazos había sentido ella muchos; pero ninguno como el de aquel momento, el momento en que metió la cuchara dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabría ella decir cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla. (..)No sabría ella decir cómo fue ni cómo vino aquel sentimiento a su alma, ocupándola toda; no supo más sino que le miró y sintió una antipatía tan horrible hacia el pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla. (..) Esta antipatía de Fortunata no estorbaba en ella la estimación, y con la estimación mezclábase una lástima profunda de aquel desgraciado, caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El aprecio que le tenía, la gratitud, y aquella conmiseración inexplicable, porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado que Rubín habría conocido que el lindísimo entrecejo ocultaba algo.53

Essendo profondamente innamorata di Juan, Fortunata cede nuovamente alle avances di lui: i due tornano ad avere un’altra relazione clandestina, la quale però viene scoperta dai loro rispettivi coniugi. Jacinta cerca di far confessare l’adulterio a Juan che le racconta solo bugie, mentre Maximiliano impazzisce: «Fortunata, una vez renovada su aventura con Juanito, trata a Maxi con una frialdad tan absoluta que no puede por menos de tener un efecto desolador en él. (..) Se ve rápidamente dominado por los celos, tanto por causa de comentarios externos y burlas como por sus propias observaciones. Está a punto de pillarla en relación con la incapacidad de Juanito cuando éste se rompe el brazo montando a caballo, y le suplica, sin éxito, que le diga la verdad. Trata de escapar de la situación queriendo marcharse a Molina de Aragón (..). Al final de la Parte II, cuando recibe información explícita sobre la infedelidad de su mujer y el matrimonio se rompe, se ha preparado el terreno para el desarrollo de su locura. Ya da signos de una reacción típica, un ansia de violencia, al comprar un revólver y enfrentarse a Juanito (..)».54

Il finale dell’opera è tragico in quanto vede la morte di Fortunata, la solitudine di Juan dopo il rifiuto di Jacinta e l’internamento di Maxi in un manicomio. L’unica ad uscire “vittoriosa” è Jacinta a cui Fortunata affida il figlio, frutto della sua “grande idea”. Riguardo a ciò, come afferma Francisco Caudet nell’introduzione all’opera, la grande idea di Fortunata, risultato di un lungo processo di maturazione, ha un rilevante significato non solo dentro il romanzo ma anche fuori, nella stessa storia reale da cui l’autore ha tratto l’opera. Perché è proprio nei primi anni della Restaurazione che il popolo inizia a prendere coscienza di se stesso come parte non più passiva, ma attiva nel processo storico.55

Quanto detto fino ad ora permette di individuare degli elementi comuni alle due coppie, che rientrano perfettamente all’interno del motivo della specularità:

  • così come Juan confessa a Jacinta la relazione avuta con Fortunata prima del loro matrimonio, quest’ultima racconta a Maxi, suo futuro sposo, di avere avuto un figlio dalla sua storia d’amore con Juanito;

  • Maxi e Jacinta sono entrambi ingannati dai loro rispettivi coniugi;

  • mentre Juan ha una relazione con Fortunata, Jacinta ha un amore platonico con Moreno;

  • Jacinta e Fortunata sono sottomesse rispettivamente alla volontà della signora Barbarita (madre di Juan) e della signora Lupe (zia di Maxi);

  • l’affronto fra le rivali Jacinta e Fortunata è speculare a quello fra Maxi e Juanito;

  • ambo i matrimoni sono sterili, senza figli. L’unico figlio è frutto della relazione extra-coniugale di Fortunata e Juan.

  • in due diverse scene Jacinta e Fortunata devono indovinare il nome dell’amante di Juan (Jacinta deve indovinare il nome di Fortunata e quest’ultima quello di Aurora): «la estructura circular de Fortunata y Jacinta queda patente también en el intento de adivinar la identidad de una amante de Juanito (…) Se justifica que Jacinta y Fortunata coincidan en perseguir la identidad de amantes de Juanito, porque las dos se consideran esposas del Delfín»56;

Il motivo della specularità si inserisce nel tema del doppio, realizzata per mezzo:

  • delle coppie stesse, Juan e Jacinta, Fortunata e Maxi;

  • delle coppie fra loro rivali, Fortunata vs Jacinta, Maxi vs Juan;

  • del doppio-gioco ipocrita di Aurora come confidente di Fortunata e amante di Juan;

  • dei due figli nati dall’unione di Fortuata con Juan;

  • dei due diversi punti di vista su Fortunata: un animaletto grazioso, povero e disgraziato per Juan, un angelo per Maxi;

  • dell’alternanza fra follia e ragione di Maxi;

  • della contrapposizione fra Monarchia e Repubblica,

  • del conflitto fra carlisti e progressisti;

  • del contrasto fra Rivoluzione e Restaurazione;

  • dell’opposizione fra borghesia e quarto stato, fra ricchi e poveri;

  • della sterilità di Jacinta contro la fertilità di Fortunata;

  • dei desideri personali (Fortunata) contro le convenzioni sociali (Fehijoo);

  • della compenetrazione della storia dei personaggi con quella reale, della storia personale con quella collettiva.

Nell’opera entra tutto un tessuto sociale, storico e politico, esattamente come ne Le rouge et le noir di Stendhal,che va di pari passo con la vita dei personaggi. Si viene dunque a creare una compenetrazione fra la storia collettiva e quella personale: la dialettica Rivoluzione/Restaurazione coincide con le varie tappe della relazione fra Juan e Fortunata: l’incontro fra i due, nel 1869, coincide con l’adozione della Gloriosa di una Costituzione liberale; la nascita del primo Pitusín, nel giugno 1870, corrisponde all’elezione del re Amedeo di Savoia ma, come il bambino, ha vita breve; quando Fortunata entra nel convento delle Micaelas, Alfonso XII sale al trono di Spagna; la nascita del secondo figlio di Fortunata corrisponde alla promulgazione della nuova Costituzione, quella del 1876. Ed è proprio in questa prospettiva storica che i personaggi acquistano una valenza simbolica: Fortunata, simbolo del quarto stato, affida il figlio a Jacinta, rappresentante della borghesia, la classe che ritorna in auge proprio con la Restaurazione.

All’interno dell’opera acquista una certa importanza anche l’intertestualità, ovvero la presenza di altri testi letterari, appartenenti a diversi generi (poesia, teatro, romanzo), citati in varie occasioni dai personaggi fino ad ora presi in esame.

– RIFERIMENTO AL ROMANZO D’APPENDICE:

  • quando Fortunata si confessa con Nicolás le viene in mente La Dama de las Camelias in cui il padre della protagonista tenta di dissuadere sua figlia dall’amore per un giovane. Lungi da ogni forma di imitazione dei modelli letterari come nella Regenta, Fortunata si sente come parte di quella scena romanzesca57;

  • il racconto delle precedenti storie d’amore di Fortunata appaiono agli occhi di Nicolás come delle avventure tipiche del romanzo d’appendice58: «la historia amorosa de Fortunata le parece a Nicolás propia del género folletinesco. Pero el retrato moral que Galdós ha trazado de Nicolás explica su limitada capacidad de comprensión».59

  • l’autore torna ad insistere sulla letteratura d’appendice nella seconda parte dell’opera, quando Juan racconta a Jacinta il suo secondo incontro con Fortunata, descritta come una donna dal destino tragico e vittima di continue disavventure:

    La metieron en un convento, la casaron después como por sorpresa. Chica, una historia de intrigas, violencias y atrocidades que horroriza.60

    «Galdós insiste aquí otra vez en que el hilo argumental de Fortunata y Jacinta podría reducirse a los términos de un vulgar melodrama folletinesco. Esto se señalaba ya en el momento en que Juanito empezó a narrarle a Jacinta, durante el viaje de novios, su primera aventura amorosa-folklórica con Fortunata. (..) Abundan otros pasajes en los que la historia amorosa de Fortunata es rebajada a condición de simple novelería».61 È nota la scarsa considerazione che lo scrittore aveva nei confronti del feuilleton per basarsi su di un linguaggio ripetitivo ed anacronistico, lontano dalla realtà.

– RIFERIMENTO AL TEATRO:

  • Fortunata, una volta sposata, tradisce Maxi con Juan, sente di vivere due vite diverse, una reale e una falsa come fanno gli attori di teatro62:

  • Jacinta, chiedendo spiegazioni a suo marito riguardo un suo probabile tradimento, da del commediante a Juan; 63

  • Ballester cita davanti a Maxi un passo de La vida es sueño, II atto, scena V64, per riferirisi al desiderio di vendetta di Maxi;

– RIFERIMENTO AL QUIJOTE

  • nell’incontro fortuito con Jacinta, Fortunata le dice chiaramente “Soy Fortunata” (pag. 208, II parte), frase che evoca il “sé quién soy” di Don Chiosciotte, citato anche nel momento in cui Juan confessa il suo secondo incontro con Fortunata ;65

– RIFERIMENTO ALLA POESIA

  • Juan e Fortunata declamano due versi di Juan Bautista Arriaza (170-1837) al momento di salutarsi:

    ya llegó el instante fiero,

    Silvia de la despedida. (vv.1-2)

  1. ANALISI COMPARATIVA E CONTRASTIVA

CLASSE SOCIALE RAPPRESENTATA: LA BORGHESIA

  • Nella Regenta Ana e Quintanar sono entrambi esponenti della borghesia vestustense, sebbene Anna abbia conosciuto un periodo di declassamente per via delle teorie politiche del padre;

  • In Fortunata y Jacinta Juan e Jacinta appartengono all’alta borghesia, figli di commercianti. Maxi è un piccolo-borghese che vive con la zia usuraia. Diversamente dalla Regenta, in Galdós entra anche il “quarto stato” di cui Fortunata ne è un esponente.

MATRIMONIO COMBINATO

  • Nella Regenta è l’amico Frigilis ad organizzare le nozze fra Ana e Quintanar con il beneplacito delle zie di Ana e del suo confessore;

  • In Fortunata y Jacinta è la madre di Juan ad architettare il matrimonio del figlio con la cugina. Al contrario, le nozze fra Maxi e Fortunata sono conseguenza del fatale innamoramento di Maxi. Fortunata, dal canto suo, acconsente unicamente per migliorare le sue condizioni di vita.

TRADIMENTO

  • Nella Regenta Ana tradisce il marito con Mesía, Quintanar tcon la criada Petra;

  • in Fortunata y Jacinta Juan tradisce Juanita e Fortunata tradisce Maxi;

IMPOTENZA E STERILITÀ

  • Nella Regenta la coppia non ha figli;

  • In Fortunata y Jacinta entrambi le coppie non hanno figli: Juanita e Maxi sono sterili. Gli unici figli sono quelli frutto della relazione extra-coniugale di Juan e Fortunata;

MALATTIA

  • Nella Regenta Ana ha continue crisi di nevrotiche e depressive;

  • In Fortunata Y Jacinta Maxi racchiude in sé la malattia fisica e quella mentale (una volta scoperto il tradimento di sua moglie impazzisce);

SPIRITUALITÀ CONVENTUALE

  • Nella Regenta Ana confessa a Ripamilán di voler vivere in un convento;

  • in Fortunata Y Jacinta Fortunata viene costretta dalla famiglia di Maxi a ripulirsi spiritualmente all’interno del convento delle Micaelas;

MORTE E FINALE TRAGICO

  • Morte di Quintanr nel duello cotro Mesía;

  • Morte di Fortunata alcuni giorni dopo il parto;

LETTERATURA E CITAZIONI INTERTESTUALI

  • Nella Regenta la letteratura viene presa come imitazione di un modello di vita da parte dei personaggi ed ha un dupice ruolo: dimostrazione di erudizione dell’autore e base per la caratterizzazione del personaggi stessi;

  • In Fortunata Y Jacinta la letteratura entra attraverso citazioni intertestuali, a carattere puramente ornativo;

MANCANZA DI UN RIGIDO DETERMINISMO

  • Nella Regenta Quintanar sceglie di sua volontà di non sparare a colui che lo ha offeso nell’onore;

  • In Fortunata y Jacinta Fortunata sceglie volontariamente di affidare suo figlio alla rivale Jacinta;

RIFERIMENTO AL QUIJOTE E A CERVANTES

  • Nella Regenta Clarín moltiplica cervantinamente i punti di vista dei personaggi riguardo a Ana. Inoltre vi sono vari riferimenti alle opere di Cervantes attraverso alcune citazioni. Il riferimento al Quijote è visibile in Ana e in Quintanar, entrambi cercano vanamente di sublimare la realtà attraverso la letteratura;66

  • in Fortunata y Jacinta il riferimento a Cervantes è soprattutto nella tecnica narrativa: Galdós, per dare varietà alla narrazione, spezza drammaticamente la storia, introducendo una nuova sezione, per poi riprenderla successivamente.

STRUTTURA CIRCOLARE DELL’OPERA

  • Nella Regenta la prima scena si apre a ottobre, così come quella finale si chiude sempre a ottobre;

  • In Fortunata y Jacinta Fortunata alla fine dell’opera ritorna e muore nella casa in cui l’abbiamo vista per la prima volta.

Per concludere, quanto riportato fino ad ora mette in luce come ambo le opere abbiano degli elementi in comune. Essendola pubblicazione della Regenta precedente di qualche anno all’opera di Galdós, non è difficile immaginare che quest’ultimo abbia letto l’opera clariniana e ne abbia preso alcuni elementi (il matrimonio combinato, il triangolo amoroso, il finale tragico) per la stesura di Fortunata y Jacinta. Testimonianza di ciò è il prologo che lo stesso Galdós scrive alla Regenta nell’edizione del 1901 in cui leggiamo tutto il suo entusiasmo:

De mí sé decir que pocas obras he leído en que el interés profundo, la verdad de los caracteres y la viveza del lenguaje me hayan hecho olvidar tanto como en ésta las dimensiones, terminando la lectura con el desconsuelo de no tener por delante otra derivación de los mismos sucesos y nueva salida o reencarnación de los propios personajes.67

BIBLIOGRAFIA

  • Alas, Leopoldo “Clarín”, La Regenta, ed. Juan Oleza, Madrid, Cátedra, 2002, 2 voll.

  • Galdós, Benito Pérez Fortunata y Jacinta, ed. Francisco Caudet, Madrid, Cátedra, 2008, 2 voll.

  • Historia y crítica de la literatura española, dir. F. Rico, vol. 5, Romanticismo y Realismo, Barcelona, Crítica, 1982. Capitolo 9 “Clarín”.

1Tutte le citazione relative alla Regenta si riferiscono all’edizione curata da Juan de Oleza, Madrid, Cátedra, 2008.

2Ivi, pag.198-199

3Ivi, pag.314

4Ivi, pag.306

5Ivi, pag.310

6Ivi, pag.316

7Ivi, pag.438

8 parte II, pag.56,

9 Los conflictos del yo, paragrafo all’interno dell’introduzione curata da Juan Oleza, pag. 48

10parte II, pag. 281

11Ivi, pag.393

12Ivi, pag.175

13Ivi, pag.177

14Parte I, pag.215

15Ivi, pag.234

16Ivi, pag.460

17Ivi, pag.458

18Ivi, pag.69

19Ivi, pag.158-159

20Ivi, nota 19, parte II, pag.548

21Parte I, pag.364

22Ivi, pag.468

23Parte I, pag.188-189

24Parte II, pag.496

25Ivi, pag.509

26Metaliteratura y parodia, paragrafo all’interno dell’introduzione di Juan Oleza, pag.69

27Per maggiori spiegazioni si legga la nota num 29 di Juan Oleza, parte I, pag.298-301

28Ibid.

29Metaliteratura y parodia, paragrafo all’interno dell’introduzione di Juan Oleza, pag.71

30Gonzalo Sobejano, Símbolo, sociedad y género literario en un capítulo de la Regenta, pag.587 in Francisco Rico, Historia y crítica de la literatura española, vol.5, Romanticismo y Realismo, Barcelona, Crítica, 1982.

31 Nota 13, II parte, pag.588

32 Tutte le citazioni sono prese da Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002.

33 María Zambrano, La España de Galdós, Madrid, Endymion, 1989, pag. 188

34 Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Cátedra, Madrid 2002, parte I, capitolo IV, pag. 192

35Ivi, pag.193

36Ivi, pag.194

37Ivi, pag.204

38Ivi, parte I, capitolo V, paragrafo VII, pag.236-237

39Ivi, pag.240

40Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 185

41Ivi, pag. 284

42Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 182

43Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, parte I, capitolo VIII, paragrafo I, pag. 285

44Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 182

45Francisco Caudet, Fortunata: la evolución del personaje, in Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, pag.82

46Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, parte IV, vapitolo V, paragrafo XV, pag.533

47Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 178

48Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 193

49Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, parte II, capitolo II, paragrafo I, pag. 480

50Ivi, pag.495

51Ivi, pag.505

52Ivi, pag.483

53Ivi, pag.511-512

54Geoffey Ribbans, Fortunata y Jacinta, in G. Ribbans e J. Varey, Dos novelas de Galdós: Doña Perfecta y Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 1988, pag. 196

55Francisco Caudet, Introducción a Fortunata y Jacinta in Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, Parte I,pag. 56

56Ivi, nota 107 curata da Francisco Caudet, II volume, pag. 467

57 Fortunata conocía La Dama de las Camelias, por haberla oído leer. Recordaba la escena aquella del padre suplicando a la dama que le quite de la cabeza al chico la tontería de amor que le degrada, y sintiócierto orgullo de encontrarse en situación semejante (..). —Nada, señor, pero nada—declaró ella, disgustada ya del papel de Dama de las Camelias, porque si el casarse con Maximiliano era una solución poco grata a su alma, la vida pública la aterraba en tales términos, que todo le parecía bien antes que volver a ella. (Parte II, capitolo IV, 559). In stretta relazione a questo romanzo è La Dama della Camelie è La Traviata di Giuseppi Verdi, citato nella parte I, pag.317.

58 Las mujeres de estos tiempos se dejan pervertir por las novelas y por las ideas falsas que otras mujeres les imbuyen acerca del amor. ¡Patraña y propaganda indecente que hace Satanás por mediación de los poetas, novelistas y otros holgazanes! Diranle a usted que el amor y la hermosura física son hermanos, y le hablarán a usted de Grecia y del naturalismo pagano. No haga usted caso de patrañas, hija mía, no crea en otro amor que en el espiritual, o sea en las simpatías de alma con alma…(Parte II, capitolo IV, 565)

59Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, volume I, pag. 562

60Ivi, parte III, capitolo II, pag.60.

61Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Madrid, Cátedra, 2002, volume II, nota numero 44, pag. 61

62 Y también se dio a pensar en lo molesto y difícil que era para ella tener que vivir dos vidas diferentes, una verdadera, otra falsa, como las vidas de los que trabajan en el teatro. A ella le era muy difícil representar y fingir, por lo que su tormento se crecía considerablemente. «No podré, no podré—pensaba al dormirse—hacer esta comedia mucho tiempo», (II Parte, VII capitolo, 691,)

63 Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el lo sé todo; pero se acordó de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga. La irritada esposa creyó más del caso decir: «Te aborreceré, ya te estoy aborreciendo». Santa Cruz, que estaba de buenas, repitió con buena sombra otra frase de las comedias: «Ahora lo comprendo todo. Pero la verdad, chica, es que no comprendo nada». (..) Confiésame todo; pero con nobleza. Nada de comedias… porque tú eras muy comiquito. Gracias que yo te conozco ya las marrullerías, y algunas bolas me trago; pero otras no., (parte III, capitolo I, pag. 56)

64 Vive Dios que pudo ser ( parte IV, capitolo I, pag. 315)

65 ¿creía Jacinta aquellas cosas, o aparentaba creerlas como Sancho las bolasque Don Quijote le contó de la cueva de Montesinos? (parte III; capitolo I, 65)

66 Riguardo a ciò è interessante leggere la recensione al libro di Maria Rosaria Alfani, Il ritorno di Don Chisciotte: Clarín e il romanzo (Roma, Donzelli, 2000), disponibile al sito www.magazine.unior.it/ita/content/clarin-confronto-con-cervantes-e-galdos: La professoressa Alfani propone un interessante paragone con Cervantes e Galdós, padre del romanzo naturalista spagnolo, prima del quale nessuno aveva retto il confronto con l’eminente autore del Chisciotte. Come quest’ultimo aveva giocato col romanzo cavalleresco per ironizzare amaramente sulla figura del protagonista rovinato dalle sue letture, allo stesso modo Clarín si serve del romanzo d’appendice per presentare il suo personaggio, Ana Ozores, una Madame Bovary strappata al suo ambiente piccolo-borghese e trasferita in una biblioteca colta e tendente al mistico, su uno sfondo piccolo-nobiliare. Il romanzo d’adulterio in questione, La Regenta, permette all’autore di ibridare due tipologie di novela da lui stesso teorizzate, facendo della sua storia un país con retratos, la descrizione di una comunità (quella provinciale del paese di Vetusta) alternata alla narrazione di una biografia personale. Alfani riprende inoltre un asserto hegeliano, quello secondo cui la storia nazionale si incarna in dei tipi, per sottolineare come il quadrilatero – e non triangolo – dei personaggi coinvolti nell’intreccio rappresenti quattro miti degradati della tradizione spagnola: Ana è un Chisciotte al femminile, Álvaro Mesía una degenerazione del don Juan Tenorio romantico, il sacerdote innamorato Don Fermín De Pas un personaggio tipicamente ispanico, già presente in Tormento di Galdós. L’opera, scritta di getto da un Clarín trentenne e in cui nessun nome è lasciato al caso, è la narrazione di “corpi” che si ribellano alla propria maschera sociale e alle convenzioni, intrappolati in una vita inautentica e patologica, una sorta di chisciottismo come malattia. La Alfani nota, poi, come La Regenta sia “un libro scritto con i libri”, in cui i personaggi e gli intrecci richiamano più ad altri testi che non all’osservazione diretta dei fatti (l’isteria di Ana, ad esempio, è assolutamente improntata alle Estasi di Santa Teresa). Nonostante il grande valore intrinseco del Clarín scrittore, però, la gloria fu solo postuma e i suoi romanzi non ebbero mai l’esito sperato, essendo l’autore troppo proiettato in avanti rispetto ai suoi tempi, che non potevano che bollarlo come “scabroso”. Il successo non arrivò nemmeno quando, ispirato da Fortunata y Jacinta di Galdós, Clarín si dedicò alla stesura di Su único hijo, in cui il determinismo naturalistico trova una via d’uscita per il protagonista Bonifacio in una paternità redentrice, sebbene non biologica. Qui, scandagliando a fondo un “territorio dell’interiorità” che apre la strada al ‘900, l’autore crea un “romanzo dell’ascolto”, sempre di stampo krausista e con l’obiettivo primario di formare la classe borghese, come era stato – del resto – il capolavoro cervantino.

Per ulteriori informazioni sul libro: http://www.h-net.org/~cervantes/csa/articf03/recapito.pdf

67Prólogo de Galdos a La Regenta in María José Tintoré, «La Regenta» de Clarín y la crítica de su tiempo, Barcelona, Lumen, 1987, pag. 328.